Tradicionalmente, suele recomendarse una buena ingesta de fósforo para ayudar a nuestro cerebro (sobre todo en época de exámenes). Si bien, mucho mito gira en torno a este tipo de afirmaciones. Se sospecha que la relación entre el fósforo y la memoria comenzó cuando se descubrió que la membrana de las neuronas (mielina) es muy rica en esfingomielina (un fosfolípido o lípido rico en fósforo).

Sin embargo, tras la realización de numerosos estudios, quedó contrastado que el fósforo participa en muchas otras estructuras como los huesos o el material genético y no está relacionado directamente con el buen funcionamiento cerebral, tampoco con el incremento de determinadas capacidades cognitivas como es la memoria.

Ahora, un reciente estudio realizado en China, ha demostrado algo que pocos podían sospechar: uno de los componentes esenciales de la cerveza retrasa los daños degenerativos de las células cerebrales. Existen numerosas campañas de concienciación especialmente dirigidas a los más jóvenes, advirtiendo de los graves riesgos para nuestra salud que vienen aparejos al consumo excesivo de cualquier sustancia alcohólica (especialmente destilado).

No obstante, componentes como el Xanthohumol o el Xn, muy presentes en el lúpulo, uno de los principales componentes de la cerveza, sirven para ayudar a nuestro organismo y mantener su buen funcionamiento. El primero funciona como antioxidante para mantener estable el nivel de oxidación por estrés de nuestras células y es una sustancia candidata para prevenir posibles desórdenes neurodegenerativos.

Otros estudios que avalan el consumo de la bebida de la cebada, son los que apoyan los beneficios de su fibra soluble, los compuestos polifenólicos, los minerales y la baja graduación alcohólica en procesos que desencadenan la diabetes.

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Por supuesto, en ningún momento pretende disparar el consumo de cerveza en la población (o funcionar como excusa para los amantes de la misma). Sus beneficios son válidos cuando se consume con moderación.