Los hombres no lloran. Todos estamos familiarizados con esta frase que los padres o abuelos suelen inculcar a sus descendientes, ya desde edades tempranas. La cultura y la sociedad, siempre ha exigido al sexo masculino una mayor compostura y contención de las propias emociones.

De hecho, en algunas culturas orientales como la coreana, puede llegar a considerarse una falta de respeto el mero hecho de sobreexponer los sentimientos en público, tarea que facilita mucho más las estructuras musculares de los rostros de sus habitantes.

Durante años, ha existido la controversia sobre la existencia de motivos biológicos que ampraren la supuesta capacidad masculina en todas y cada una de las sociedades del planeta.

La respuesta es sí, y para sorpresa de muchos, esto no solo en lo que respecta al campo hormonal.

Con las últimas estadísticas en la mano, las mujeres suelen llorar entre 30 y 67 veces al año, por su parte, los hombres suelen hacerlo entre 6 y 17 ocasiones.

Centrándonos en las diferencias físicas, las mujeres poseen conductos lagrimales de menor recorrido que los de los hombres, dificultando notablemente la capacidad para evitar a las lágrimas salir. Los hombres, en este aspecto lo pueden tener mucho más fácil.

Por otro lado, muchos defienden que las hormonas son la principal causa de diferenciación. La testosterona, mucho más abundante en hombres, permite dar una mayor imagen de dureza o formalidad. Aquellos varones con escasez de la misma, tienden a llorar más.

Las mujeres secretan en mayor proporción la sustancia conocida como prolactina, generando más de un 50% que los hombres y siendo clave para este tipo de situaciones.

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Los neuroendocrinólogos creen que si durante un embarazo masculino el pico de testosterona no es suficientemente alto, algunas partes del cerebro podrían quedar menos masculinizadas y condicionar a la homosexualidad. Se cree que por esto, los hombres homosexuales también suelen mostrar más sus emociones, algo que de hecho, atrae a muchas mujeres.