En constante renovación, la piel es mucho más que un simple envoltorio. Es el órgano vivo más pesado y el más amplio del cuerpo humano. En permanente relación con los demás órganos, la piel puede revelar las disfunciones o enfermedades que padezcan otros órganos de nuestro cuerpo.

Señales de alerta

No siempre establecemos la relación que tiene con el estrés, pero la epidermis nos advierte cuando hay un exceso de tensión. Las afecciones cutáneas como el acné o la dermatitis a menudo van de la mano del estrés. Su función es proporcionarnos información (nos alerta del frío, el calor, el dolor…), a la vez que nos protege de las agresiones externas, ya que desempeña un papel de barrera.

Contrariamente a la creencia popular, la piel raramente está sucia, ya que las toxinas que acumula se eliminan a través del sudor y los riñones.

Para cuidarla

Dejar transpirar la piel porque es a través de la sudoración que se eliminan los residuos. Además, el sudor es esencial para mantener la temperatura corporal. Ello no implica que no puedas usar desodorante. Las fórmulas clásicas encapsulan el olor de las bacterias, mientras que las sustancias orgánicas, tales como la piedra de alumbre (una sustancia natural compuesta de sales minerales derivadas de la bauxita), cierran los poros al depositar sustancias ligeramente antisépticas.

Es necesario hidratar la cara y cuerpo todos los días. La crema genera una película que impide que la piel se reseque, a la vez que le mantiene hermética, creando un fino escudo antibacteriano (llamado cemento intercelular de superficie).

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Limpia el rostro todas las noches para evitar que la epidermis se asfixie bajo los residuos del maquillaje y la contaminación. Para nutrir la piel resulta útil una cura de complementos alimenticios, principalmente los ácidos grasos, los antioxidantes y la vitamina E, durante tres semanas, una o dos veces al año.

Exfoliación

Limpia las capas exteriores de la piel, elimina las células muertas y estimula la circulación de los fluidos linfáticos para liberar toxinas. S recomienda exfoliar cuerpo y cara a diario por cinco minutos con una esponja vegetal. Puedes usar productos comerciales o una mezcla casera a base de miel, azúcar y limón. Debes hacerlo con un movimiento circular, friccionando con las manos el torso y las extremidades.