En los países desarrollados se está observando un cambio de tendencia en la dieta de la población desde una rica en hidratos de carbono a otra rica en proteínas. Ahora los consumidores prefieren alimentos sin gluten, la proteína del trigo, al que tanta gente es alérgica, y bajos en glúcidos.

El grupo NPD ha constatado una clara tendencia de la población norteamericana hacia estos alimentos desde el año 2010. En Suecia casi un cuarto de la población sigue esta dieta y es lo que explica su bajo índice de grasa corporal.

Las razones de este cambio son que, no solo se constata que las personas con una dieta más rica en proteínas y con menos glúcidos adelgazan algunos kilos, sino que además, adherirse a ella les hace sentirse más atléticos y trabajar mejor.

Un ejemplo de esto es el medallista olímpico de biatlón Björn Ferry que ganó una medalla de oro en los juegos olímpicos después de seis meses de someterse a una dieta baja en carbohidratos y alto contenido en grasa.

Las implicaciones sobre esta forma de ingesta son amplias, van desde la curación de enfermedades, el adelgazamiento y el rendimiento físico.

Un argumento en contra de estas dietas es que con el tiempo pueden ser "cetogénicas", es decir, generar acetona como resultado del metabolismo de las proteínas y la escasez de glucosa. En el estado de cetosis la quema de grasas es más fácil, esta es la parte positiva, pero la otra cara de la moneda es que se generan toxinas que deben ser eliminadas por el riñón.

La debilidad y la fatiga son argumentos en contra de esta dieta, pero la realidad es que cuando la persona se ha aclimatado a esta forma de comer, su rendimiento físico no se ve afectado.

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Cuando dejamos de ingerir hidratos de carbono, el cerebro y los músculos dejan de alimentarse de glucosa para consumir cetona y grasa. Sabemos que el azúcar proporciona 4cal/gr mientras que la grasa 9cal/gr, por tanto, para personas con alto requerimiento de energía en su actividad diaria, la grasa es un mejor combustible que la glucosa. En el libro Vida sin pan de Christian B. Allan (PhD) y Wolfgang Lutz (MD) defienden la grasa como combustible frente a los glúcidos.

La parte buena de esta dieta es que reduce las necesidades de insulina para metabolizar la glucosa de los hidratos de carbono y por lo tanto el páncreas tiene menos trabajo y los niveles de glucosa en sangre se estabilizan, haciendo que no se produzcan los conocidos picos de glucosa y las hambres voraces que descontrolan a la persona, y que muchas veces tienen su origen en una bajada de los niveles de esta sustancia en sangre.

Pero no solo eso, en esta dieta podría estar la respuesta a la cura de muchas enfermedades ¿Sabemos cuántas tienen su origen en la falta de energía? La Fundación Charlie (The Charlie Foundation) es una gran defensora de esta dieta para la cura de afecciones como la epilepsia, el cáncer, el autismo, Alzheimer entre otras.

Todavía hay especialistas que no están de acuerdo (recordemos la polémica que levantaron las dietas Atkin, Montignac o Dukan) pero sí se constata una relajación en el rechazo que antes suscitaban estas dietas bajas en carbohidratos por parte de asociaciones tan importantes como la Academia americana de médicos de familia (EEUU), la Asociación americana de la diabetes (EEUU), la Asociación dietética americana (EEUU), la Asociación americana del corazón (EEUU).

Una última idea para los inversores, busquen una empresa de procesado de alimentos ricos en proteínas e invierta en ella, pues la tendencia en su consumo parece imparable. Este es el consejo de los analistas de Credit Suisse.