Según un estudio reciente, hay una técnica fácil e indolora que no te hace exagerar en la mesa y que se aplica a la mitad de la población mundial. De hecho, los investigadores de la University of Arkansas en Fayetteville refieren, en un artículo publicado en la revista Appetite, que, según sus investigaciones, un hombre sentado frente a una comida muy abundante comería menos si se siente bajo una luz azul. Todo esto, sin embargo, sin perder el gusto por la comida.

El experimento

Para llegar a esta conclusión, los investigadores dirigidos por Han-Seok Seo han involucrado 112 adultos en un experimento: 62 hombres y 50 mujeres se sentaron, cada uno, en una mesa diferente dispuesta de sensores que, por casualidad, iluminaban las comidas bien dispuestas de amarillo, blanco o azul.

Después de una noche de ayuno, sirvieron a los participantes un desayuno con dos tortillas de jamón y queso y ocho mini crepes, con la recomendación de comer todo lo que quisieran. Finalmente, los investigadores han pesado la cantidad de comida dejada por cada uno en los platos, mientras que los voluntarios respondían a algunas preguntas relacionadas con su comida en términos de sabor y de satisfacción general.

Los resultados

Mientras que las impresiones sobre la comida no cambiaban significativamente de acuerdo con las diferentes condiciones de iluminación, los hombres a los que el desayuno fue servido bajo la luz azul, habían, en realidad, comido mucho menos en comparación con los colocados bajo las luces amarillas o blancas, aunque han dicho de estar llenos como los otros. Sin embargo, esta regla verificada en los participantes de sexo masculino, parecía no tener resultados en las mujeres: ¿cómo se puede explicar esto?

La explicación de los investigadores

Los investigadores recurren a un modelo evolutivo para explicar este fenómeno curioso: considerando, de hecho, que en naturaleza son muy raros los alimentos azules, es probable que los seres humanos instintivamente dudan de la comestibilidad y de la seguridad de los alimentos que tienen ese color.

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Y por esta razón, una especie de desconfianza ha bloqueado los hombres de comer en exceso. Para las mujeres, en cambio, las cosas serían diferentes, probablemente porque, en relación con los alimentos, tienen un mayor costumbre a confiar en su olfato para recordar, identificar y posiblemente descartar algo no considerado bueno. #Investigación científica