Mariano Rajoy de la mano de Javier Fernández, presidente de la comisión Gestora del PSOE, ha concretado su deseo de recuperar el bipartidismo español, vía acuerdo con los socialistas. Las buenas migas entre ambos partidos son llevadas por el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y el portavoz socialista. José Luis Ayllón y Antonio Hernando, tienen un fluido diálogo, que permite los debidos intercambios, en los que el PP todavía adeuda el esencial apoyo que le permitió la investidura.

Ciudadanos y Podemos, relegados de este cogobierno, al que Rajoy, según publica "El Mundo", denomina "entendimiento para gobernar con normalidad".

Luego de décadas de alternancia, populares y socialistas se han entendido por detrás de Albert Rivera y Pablo Iglesias. El líder de Ciudadanos, que ha sido el primero en poner su partido al servicio de la investidura de Mariano Rajoy, ve pasar la pelota sin entrar nunca en el juego. Ya no es un socio de privilegio. No pueden dar a los populares la mayoría necesaria para un Gobierno "tranquilo". La baronesa de Andalucía, ni corta ni perezosa, ha salido a declarar sobre los beneficios de la cooperación del PSOE que considera una política de su partido que es útil a la comunidad, lejos de "esas imágenes llamativas que busca el señor Iglesias".

El PP representado en este caso por Cristóbal Montoro, quien dicho sea de paso ha cambiado el ceño fruncido y la armadura de duelo por la amabilidad y la diplomacia, mostrando desde Hacienda una nueva estrategia de gobierno, que amoldándose en las negociaciones ya no aprieta a las comunidades como lo hacía en su anterior gestión.

Todo sea por conseguir apoyo en la política presupuestaria. La "benevolencia" del presidente Rajoy ha permitido que los socialistas, se vean como generadores de la subida en el salario mínimo que en realidad es una bandera que ha venido agitando desde hace tiempo el líder de Podemos. Con la diferencia que pedía un número en la suba salarial bastante más generoso.

Quid pro quo, honrar los acuerdos. El presidente de Gobierno les da una mano contenedora a los socialistas para morigerar la imagen de la bochornosa caída que los compromete frente a la militancia. La negociación de los números relacionados con el déficit está a salvo.

El Partido Socialista Obrero Español quiere ser oposición pero, a pesar de los gestos, lo que ostenta es un cogobierno con el PP.

La disputa por la imagen opositora se da en el Congreso con el partido de Iglesias. Las últimas encuestas efectuadas por MyWord dicen que la ciudadanía ve más cerca de sus reclamos a Podemos y lo ubicaría como segunda fuerza en el panorama político español.

Desde la Moncloa Mariano Rajoy seguirá privilegiando a los que le ofrecen la más útil oposición.

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