Lo hacen con suavidad, con la diplomacia que exige un cargo político, sobre todo cuando se trata de otro país y para vigilar no crear incidentes diplomáticos, en los que pueden peligrar negocios en aquellos países o la venta de productos que allí se importan. Pero cada vez más se ve que muchos ya no pueden más, y ya dejan a un lado la diplomacia.

El juicio que ha comenzado contra Carme Forcadell, la Presidenta del Parlamento catalán, por permitir el debate sobre el proceso hacía la independencia, no está gustando nada a gente de otros países, cuya concepción de la democracia es mucho más avanzada que la que se lleva en Madrid.

Por ejemplo, hoy mismo en Suiza, en su Parlamento federal, catorce diputados de varios partidos de izquierda y derecha suizos interpelarán al Consejo Federal, es decir, el Gobierno. “¿El Consejo Federal está dispuesto a expresar su preocupación al Gobierno español a raíz de la apertura de un proceso penal contra la Presidenta del Parlamento catalán que parecería querer obstaculizar un proceso puramente democrático y pacífico?”, pregunta dicha interpelación. La firman tres partidos de derechas y otros tres de izquierdas, los que están presentes en el Parlamento de Berna, y van desde la Democracia Cristiana a los socialistas y los Verdes, pasando por la extrema derecha.

Sienten que “al ser imputada [Forcadell], se imputa también a un país como Suiza, acostumbrado al uso de la Democracia directa”.

El país helvético acostumbra a preguntar a sus ciudadanos muchos temas importantes por Referéndum. Un ejemplo: cuando la mayoría de ellos rechazaron la construcción de nuevas mezquitas en suelo nacional.

En otros países, también ha habido quejas, aunque menos multitudinarias que en Suiza. La más reciente es de Alex Salmond, el ex líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP), que dejó el cargo cuando perdió el referéndum de independencia de Escocia que Londres autorizó.

Tampoco aprueba el proceso a Carme Forcadell, aunque reconoce que “es un asunto interno de España”, como todos los demás han dicho en medio de sus protestas. Pero ya no se están tan callados como antes, volvemos a repetir. Hasta hubo un congresista de EE.UU., del Partido Republicano, que reconoció a Cataluña derecho a expresarse y decidir su futuro.

Otros políticos que protestaron fueron varios del ya aludido SNP de Salmond en el Parlamento de Londres, aunque comparten idénticos sueños: ver sus países rigiéndose por sí mismos. De países como Francia, Italia o Alemania, casi nada, sobre todo el primero, a cuyo Gobierno no gustó nada una resolución del Parlamento catalán deseando que la Cataluña Norte (el Rosellón, SE de Francia) pueda también un día decidir su futuro, quejándose a Rajoy, aunque el Govern esperaba que se dirigiera al Delegado catalán en París.

El momento más espinoso con otro país fue cuando el Gobierno Rajoy, por su entonces Ministro de Exteriores, José María Margallo, decidió expulsar de su cargo al Cónsul Honorario de Letonia en Barcelona, Xavier Vinyals, al acusarlo de actitudes que según él no eran adecuadas, presuntamente por colgar una estelada en su residencia oficial, algo que él negó, o por expresarse a favor del procès.

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