A la cabeza se echaban las manos tiempo atrás los analistas políticos de los medios de comunicación, cuando, por enésima vez, se descubrió la aterradora verdad sobre la escasa capacidad predictiva de las encuestas electorales. Una muy cínica actitud esta de los periodistas políticos. Desde hace lustros se ha venido comprobando que la demoscopia electoral es incapaz de predecir los resultados de unos comicios. Las causas de esto no deberían sorprendernos.

Que las encuestas electorales fallen, es normal, su objetivo nunca ha sido predecir los resultados, entre otras cosas, porque es imposible. La voluntad de querer convertir la sociología en una ciencia se ha demostrado, desde hace mucho tiempo, una autentica inutilidad.

Parece mentira que en pleno siglo XXI, con tanta información a nuestro alcance, no nos hayamos enterado de algo que ya dijo Aristóteles: en las cosas humanas no hay ciencia empírica ninguna, porque la ciencia empírica trata de lo necesario, lo que no puede ser de otra manera, como la sal no puede dejar de ser sal. Sin embargo, en las cosas humanas no hablamos de necesidad, sino de contingencia. Los seres humanos no somos sal, somos sujetos libres y por tanto, predecir nuestro comportamiento futuro con métodos científicos, es como tratar de medir litros con una cinta métrica.

Los apologetas de la demoscopia saben esto último, saben que nunca acertarán, pero tampoco les preocupa, acertar no es su objetivo.

Las encuestas electorales no tienen la intención de informar sobre la intención de voto real, lo que buscan es influir en el electorado, tratando de dirigir su voto hacia una opción política u otra en función de los intereses de la agencia demoscópica. Si bien es imposible predecir el curso de una acción humana, sí que se puede influir en el comportamiento de una persona con toda una serie de mecanismos muy bien estudiados por estas agencias.

Resulta sospechoso, muy sospechoso, que diferentes agencias de información citen fuentes demoscópicas diferentes, cuyos resultados son de una enorme disparidad. Seleccionando un sector de población, manipulando las preguntas etcétera, se proporcionan los resultados deseados por el informante, orientando de este modo el voto del lector o el espectador hacia cierta opción.

La intención es la de medrar en el poder, conseguir cuotas de poder económico y político una vez formado el gobierno. No nos engañemos, la información, nunca es desinteresada, siempre tiene objetivos encubiertos, como ejemplo, no hay más que coger un periódico y ver qué información destaca en su primera página.

Debemos mantener la guardia alta frente a la demoscopia y no fiarnos nunca de estas encuestas. Sólo con una actitud crítica frente a estos nuevos métodos de manipulación electoral de guante blanco podremos mantener nuestro libre albedrio y la Libertad de votar a quien realmente pensemos, de corazón, que mejor nos va a representar políticamente. En otras palabras: frente a la información, escepticismo socrático.

Preguntémonos el porqué de esas agencias citadas y esos resultados mostrados y nos percataremos de oscuras intenciones.

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