Muchos españoles se siguen preguntando por qué Rajoy. La pregunta es tan inocente como la que la mayor parte del mundo se hizo desde el momento en que se fueron conociendo los cómputos de los comicios presidenciales durante la madrugada del día en que Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Quién nos dijo que Trump no sería presidente y volcó todas nuestras expectativas en el fracaso de su estruendosa, grandilocuente e insultante campaña electoral? Quienes son los dueños de las encuestas, los medios que apoyaron a Hillary Clinton y sostuvieron los argumentos que mostraban a Trump como el anticristo.

Es una pregunta que deberíamos habernos hecho. Por qué los estadounidenses votaron de manera tal que hoy Donald Trump es su presidente. Son ellos los que tienen el argumento y las razones que lo explican.

El gobierno demócrata de Barak Obama es el que más deportaciones llevó a cabo, en perjuicio de la comunidad hispana. ¿Por qué entonces creíamos que los inmigrantes de origen hispánico iban a votar masivamente a la candidata demócrata? Los ciudadanos de raza negra tampoco han sido bien tratados en los últimos ocho años de gobierno demócrata. Recordemos el resurgimiento de los grupos del poder negro como reacción ante la discriminación, las fallas de la justicia y el asesinato de ciudadanos afroamericanos, hace apenas pocos meses atrás.

¿Por qué creíamos que todo eso sería olvidado y, masivamente irían a votar a Hillary? Los tratados de libre comercio que provocaron el crecimiento del desempleo, que afectó principalmente a los afroamericanos, tampoco fue olvidado. El interior profundo que se volcó a votar a Donald Trump, en el llamado Rust Belt, o como diríamos los hispanos, el corredor de óxido u oxidado, en el Medio Oeste, que fue una pujante zona manufacturera y que también sufrió los efectos de los tratados de libre comercio; también tuvo buena memoria.

El asunto de los correos y la actitud de la candidata demócrata ante las acusaciones sobre asesinatos e invasiones en nombre de la libertad y la democracia.

El episodio en el que a la secretaria de estado, que se propone como defensora a ultranza de los derechos humanos, se le "cayó" una sonrisa inconveniente, en una entrevista en la que se le preguntó por el asesinato de un líder árabe.

Todo eso tampoco fue olvidado, a pesar de la limpieza que se hizo en los últimos días de la campaña, de su currículum vitae. Muchos ciudadanos estadounidenses tienen buena memoria y no han vuelto a creer en la inocencia, ni avalar los daños colaterales. El señor Donald Trump supo aprovechar estas fallas, esta soberbia del creer que todo vale y todo puede ser justificado, fue tomada en cuenta en su campaña electoral. Sus frases groseras e "inconvenientes" respondían a una conveniencia. El anticristo fue puesto en la Casa Blanca por la mano de los demócratas.

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