El pasado sábado 29 de octubre, el grupo socialista en el Congreso fue puesto a prueba. A los diputados del PSOE se les hizo un examen de coherencia: como hecho inaudito, abstenerse a una nueva Investidura de Mariano Rajoy o, como siempre habían sostenido, negarse a otra legislatura del Partido Popular. Un examen que la mayoría de ellos suspendió. Sólo quince parlamentarios socialistas demostraron progresar adecuadamente.

Un resultado, pues, que denotó una falta de principios por parte de los socialistas que agacharon la cerviz ante la abstención impuesta por quienes mueven los hilos del partido, votando, así, en contra de las ideas y convicciones que decían profesar, votando, así, en contra de los intereses de un electorado que en elecciones generales creyó y depositó su confianza en el proyecto político que defendían.

Puede que este hito se deba a que los principios que deberían regir a todo político y, por consiguiente, a estos diputados no pesen tanto como el aprieto que implica contradecir a quienes imponen su criterio. Así, pudiendo complicarle a uno el estatus del que goza como diputado al uso. Aunque esto signifique incumplir la palabra prometida a los votantes que, entonces, sintieron que las ideas y convicciones que abrigan eran representadas por estos socialistas. Por lo visto, no hay nada como afrontar una disyuntiva trascendental para ver de qué pie cojea cada uno.

Un político deja de ser creíble cuando se vuelve incoherente. Cuando incumple lo prometido en un programa electoral, cuando los discursos que pronuncia en un mitin se dan de bruces con las acciones que lleva a cabo finalmente.

La coherencia debería ser una actitud inherente a cualquier político que se precie de serlo. La Política sin principios no es política.

Además, la credibilidad, al parecer, es una cualidad fácil de perder y difícil de recuperar. Pero aquel que se mantiene fiel a sí mismo, aún contra viento y marea no tiene por qué preocuparse de esto último.

Podrá dormir en paz y con la conciencia tranquila. Que se lo digan a Pedro Sánchez.

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