La noticia ha sacudido a la opinión pública a primera hora de la mañana: Rita Barberá, ex-alcaldesa de Valencia y actualmente senadora por el PP, fallecía a causa de un infarto en el hotel Villa Real de Madrid. Los servicios sanitarios del SUMMA que se habían desplazado hasta allí para atenderla por una crisis respiratoria, no podían hacer nada para salvar su vida.

Aunque las reacciones en el ámbito político y social han sido de conmoción y tristeza, nadie puede ignorar el trasfondo en el que se produce este trágico suceso: la tensa situación política y personal que desde hace meses soportaba Rita Barberá, en el punto de mira por sospechas de corrupción.

De hecho, Rita Barberá había declarado este mismo lunes en el Tribunal Supremo como imputada por un presunto delito de blanqueo de dinero dentro de la trama del supuesto blanqueo de capitales de su partido, que actualmente está siendo investigado. Cabe suponer que estas circunstancias, junto al eco mediático, que de ellas se han derivado, pueden haber hecho mella en su salud.

La indigna reacción de Podemos

Las reacciones en el marco político, tanto de sus compañeros de partido como de sus rivales, han sido de consternación y respeto, más allá de otros juicios de valor y de las lógicas diferencias ideológicas. Lamentablemente, no todo el mundo ha sabido estar a la altura de las circunstancias y, como es habitual, las salidas de tono en un momento como este han venido de la parte de Podemos.

Tanto Alberto Garzón como Pablo Iglesias, han rechazado participar en el minuto de silencio en el Congreso de los Diputados, entendiendo que ello supondría rendir un homenaje a la trayectoria política de Rita Barberá, aprovechando para realizar declaraciones fuera de lugar y tratando de sacar algún rédito político de una tragedia humana.

Seguramente esta no sea la manera ni el momento de expresar una opinión acerca de la trayectoria política de una persona que acaba de fallecer hace apenas unas horas. Lógicamente todo el mundo tiene derecho a hablar en libertad de cualquier asunto, pues en eso consiste la democracia. Otra cosa es la elegancia y el buen gusto, que tantas veces brilla por su ausencia en las acciones y las declaraciones de los líderes de Podemos.

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