Pocas veces leído o escuchado, Marcos Ana fue el poeta de la coherencia en todos sus frentes. Muchas veces reconocido y escuchado en las fiestas del PCE, Marcos Ana siempre estará en mi memoria como aquel viejo poeta de la gorra a lo Alberti –no tengo la edad para haberle conocido en vida al poeta gaditano- Más de 20 años entre rejas que le llevó a perder la noción de los espacios abiertos, pero que posibilitaron el nacimiento de un poeta, de un escritor que “no sabía la cocina del verso”, al igual que otro de los recordados estos días, el dramaturgo Buero Vallejo, que tuvo en la prisión una escuela intelectual y de coherencia vital.

“Ser comunista, es ser una persona buena”, señalaba el poeta en una reciente entrevista.

Sin amor es imposible la militancia y la poesía “yo estoy enamorado de mi compañera y de mi hijo... y sin amor sería un monstruo”. Marcos Ana de nombre Fernando Macarro, nació en Salamanca el 20 de Enero de 1920. Cuando estalla la guerra el poeta apenas tenía 16 años se afilia a las juventudes socialistas que poco después fueron el germen del partido comunista. Las milicias en el 37 se reunifican en el ejercito popular republicano y Marcos Ana debe dejar el frente por ser menor de edad -regresa a Alcalá de Henares donde fue secretario general de las JSU. En un bombardeo de la legión Condor sobre la ciudad, muere su padre sepultado por los escombros y el poeta, tras cumplir los 18 años, vuelve a reincorporarse en el frente de Madrid.

Tras la caída de la ciudad se moviliza a Alicante para desde allí tomar camino al exilio En 1939 es capturado por el ejercito fascista en Alicante y confinado al campo de prisioneros de los Almendros y después en el de Albaterra de donde se escapa para dirigirse a Madrid. En la capital es delatado por un confidente de la policía.

Recluido en el cárcel de la calle Porlier, lo que hoy es el colegio Calasancio de Madrid, el régimen le atribuyó el asesinato de tres personas en Alcalá de Henares, hecho que le llevo a ser condenado a muerte en 1941. Marcos Ana en sus memorias señalaría que era una práctica habitual de los tribunales franquistas juzgar por hechos no cometidos o “imputar a los dirigentes más conocidos la responsabilidad de todo lo ocurrido en el lugar”.

Su condena fue anulada por defecto de forma, aunque fue juzgado de nuevo y condenado otra vez a pena de muerte. En la cárcel de Porlier crea el periódico clandestino Juventud en 1943, hecho por el cual fue trasladado a la Dirección General de Seguridad donde fue torturado y desde allí trasladado al penal de Ocaña. En 1944 se le conmuta la pena de muerte por la de 30 años de prisión para acabar en Burgos donde en el año 1961 es liberado gracias a la campaña internacional que llevo a cabo la recién creada Amnistía internacional, con el apoyo de intelectuales como Alberti o Pablo Neruda, es puesto en libertad.

La poesía de Marcos Ana siempre ha reflejado la dignidad de unas ideas y la fuerza del amor y la lucha por defender la libertad.

Con un hondo sentido de país herido hasta la muerte “que llegó a convertirse en una cárcel”, sus líneas prolongan el sentir por un pueblo que le arrebataron la dignidad y la libertad, en la línea que tan bien supo expresar Miguel Hernández. Ambos, Miguel y Marcos, han sido los ejemplos explícitos de la voz del poeta y del miliciano, amor y lucha, resistencia frente a la barbarie.

El poeta siempre fue muy crítico con la transición al mostrar claramente su oposición a un proceso que no “llevo la igualdad a un pueblo y que no ha reconocido nunca a los verdaderos defensores de la democracia y legalidad republicana”. Siempre respondió desde la reconciliación y nunca desde la venganza “La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los que millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida”.

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