Abstenerse de votar, esto es, no participar en una votación a la que se tiene derecho resulta un error. Un error, además, incorregible. Una vez que uno decide no votar y, en efecto, se abstiene, después no puede poner enmienda a la decisión que ha tomado y efectuado. Asimismo, resulta un acto irresponsable. Una acción como es la de votar o no en Elecciones supone una responsabilidad que no debe tomarse a la ligera, pues las consecuencias que se siguen atañen a uno como ciudadano en particular y también, al mismo tiempo, afectan a la ciudadanía en general, en conjunto. De nada sirve arrepentirse más tarde porque entonces ya será tarde.

Que un ciudadano no vote en elecciones implica dejar que el resultado de dicha votación lo determinen los demás. El no voto no suma, el no voto resta: reduce la participación y rebaja la democracia. Abstenerse de votar implica no implicarse. Los llamados apolíticos están equivocados si creen que la Política no les incumbe. No han debido de considerar esa idea bien. Al igual que tampoco contemplan, como es debido, el desastre que ocasiona en la sociedad que no emitan su voto, sea cual sea, cuando ocurren elecciones.

Uno no puede ser un humano, un hombre social y también, al mismo tiempo, vivir al margen de la sociedad. Si eso es lo que pretende, habrá de marginarse. Solo así podrá prescindir de la política.

La marginación es la única vía para desentenderse de ella. Mientras, estará atado.

Si todos y cada uno de los ciudadanos llamados a votar en elecciones ejercieran el derecho que les corresponde y emitiesen el voto oportuno, el resultado electoral y los efectos políticos consecuentes podrían variar de modo significativo.

Pero, aunque esto no sucediera, aunque no hubiese un cambio considerable, al menos los candidatos a convertirse en presidentes nacionales lo harían de la manera más democrática posible: con el favor de la mayoría social.

No obstante, hasta que la ciudadanía no desarrolle la conciencia colectiva que se necesita para conocer la importancia que tiene este hecho, lo importante de que cada individuo emita su propio voto, continuaremos en las mismas.

Y esa realidad, agrade o disguste, es una realidad a la que tendremos que hacer frente todos. Puede que, precisamente por semejante verdad, votar en elecciones, aparte de un derecho, debería ser un deber.

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