CLINTON iba a ganar. De hecho, se llegó a decir que sólo necesitaba un swing state para conseguir la victoria. Su rival le venía pequeño: un hombre sin experiencia política, amante del espectáculo y protagonista de cantidad de escándalos. ¿Cómo no iba a hacerlo? Pero no fue así, Trump se impuso. No en voto popular, en el que Clinton ganó por casi 600.000 votos según recoge el periódico The New York Times. De hecho, esa distancia probablemente se ampliará con el recuento total de California, el estado más poblado y en el cual el Partido Demócrata cuenta con una gran ventaja.

Es ahora este partido y sus votantes quienes se preguntan: ¿era Hillary Clinton la candidata idónea para representar al partido?

O, dicho de otro modo, ¿hubieran ganado si Sanders se hubiese presentado como alternativa a Trump? Para contestar intentaré explicar algunas de las razones por las que Clinton no ganó. Una de ellas y probablemente la que más peso tenga, es su género. No pretendo hacer un alegato simplista, pero una gran parte de la sociedad norteamericana prefiere antes a un machista que a una mujer como presidenta. Y, no digamos, una mujer preparada. Clinton es vista como una sabionda mientras que, un hombre con su misma trayectoria se consideraría un líder nato. Otro de los motivos es el hartazgo de aquello que representa Clinton, la clase política, también conocida como el establishment. Sin olvidarnos de su implicación como Secretaria de Estado en la guerra en Libia y sus tramas corruptas investigadas por el FBI, hecho que se le ha recordado prácticamente toda la campaña.

Pero, ¿por qué Sanders tampoco hubiera conseguido el apoyo que le ha faltado a Clinton? Bernie Sanders es un profesor universitario nacido en Nueva York, en el seno de una familia judía. Sanders, que se declara socialista, enamoró a los jóvenes estudiantes hartos de la desigualdad económica en su país.

Sanders prometió actuar en contra del capitalismo salvaje y la descentralización de la economía, combatiendo así los excesos de Wall Street y favoreciendo a la clase media y obrera.

Sin embargo, Estados Unidos es la más fiel representación de un sistema liberal, un país que se mueve por la economía y que valora a su ciudadanía por su nivel de ingresos mensual.

Quien es pobre es porque lo merece y quien es rico también, sin importar el desigual acceso a los recursos. El discurso de Sanders jamás podría funcionar, la sociedad tiene demasiado arraigada su cultura, por lo que cualquier crítica sería considerada como un ataque al “American Way Of Life”.

Por otro lado, no podemos obviar el papel de la religión en Estados Unidos, el cuarto país con más católicos del mundo, tras México, Brasil y Filipinas. Los católicos son el mejor termómetro político de cara a las Elecciones. Sin el voto de los católicos sería impensable ganar unas elecciones. ¿Votaría una familia católica de Michigan por un judío del norte? ¿Votaría la comunidad latina de Florida por Sanders?

Permítanme que lo dude.

Sanders jamás hubiera llegado a ser presidente del país. Él no es mujer, no representa al establishment ni está implicado en tramas corruptas, pero es socialista, judío e independiente. Los demócratas sabían que Clinton era la mejor apuesta y, sin embargo, fue derrotada. A Bernie, directamente, le habrían destrozado.

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