El Reino Unido a través de su primera ministra británica Theresa May comunicó esta semana el proceso de desconexión con Europa para Marzo del 2017. Por su parte el presidente francés François Hollande señaló que la condición de la pertenencia al mercado único, es innegociable sin la libre circulación de ciudadanos. Los líderes europeos ya han expresado en diferentes declaraciones que las negociaciones de la ruptura van a ser difíciles. El teatro de la política se ha puesto a funcionar, el diálogo está abierto aunque no se sabe muy bien en que términos.

En Gran Bretaña las negociaciones se quieren dividir en sectores, mientras que en la Unión Europea no se plantea una negociación por bloques, “no se puede estar con un pié fuera y otro dentro en la Unión” decía el viernes pasado el Presidente de la Comisión Europea Jean- Clude Junker.

El negociador de la Comisión Europea para el Brexit,

La primera ministra británica ya ha señalado que su interés es el de tener más control sobre los flujos migratorios, sin agravar esto las relaciones económicas y comerciales

La identidad de la Unión, sus reglas y las relaciones comerciales

Las intenciones por tanto de Reino Unido chocan frontalmente con la idea de la Unión Europea de respetar las reglas de juego que han construido el mercado único "Si Reino Unido quiere tener acceso libre al mercado interior, tendrá que respetar todas las reglas que lo rodean", señaló Junker en una conferencia en el centro europeísta Jaques Delors.

No se pueden separar los términos, la filosofía de la Unión europea es bien clara sobre respecto.

Guy Verhofstadt, el representante del Parlamento europeo que tendrá que dar el visto bueno a los acuerdos, advirtió esta semana que no se pueden alterar los pilares de la Unión, movimiento de capitales, bienes, servicios, personas y trabajo. Este es el punto álgido de las relaciones Gran Bretaña-Europa.

La intromisión y modificación de estas libertades son el corazón del espíritu europeo y no se pueden renegociar, supondría la desaparición de la Unión Europea y el mercado único.

François Hollande y Ángela Merkel parecen decididos a marcar claramente las líneas rojas. Las negociaciones que la primera ministra May pretende enfocar son a través de la industria, poder plantear unos acuerdos favorables de la industria británica con la europea, necesaria para ambos según los británicos.

Un ámbito de la negociación que la canciller alemana ya se ha adelantado a matizar, mejor alienarse con los europeos y sufrir las consecuencias del Brexit pero sin sacrificar los valores esenciales. François Hollande señaló este jueves “Los británicos han elegido el Brexit, incluso un Brexit duro. Pues bien, tendremos que ir hasta el final en su voluntad de dejar la Unión. Tenemos que ser firmes”. Además, la imagen que la Comisión europea debe dar también es un recado para las tendencias políticas más anti-erupeístas emergentes en el continente como el Frente Nacional en Francia, el Partido de la Libertad en Austria, o el caso de Holanda con el PVV y Hungría con Fidesz.

Estos parecen ser los prolegómenos en este teatro que se propone como un campo duro en las distintas negociaciones, pero hay voces más analíticas como el director en Bruselas del centro de estudios Open Europe, Pieter Cleppe que lo ha tildado como “un movimiento de cara a la galería”.

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