Continuamos la estela de nuestro primer artículo sobre este tema en el que dejábamos caer que, a pesar de que parece que hay un cambio de mentalidad en la sociedad respecto a la corrupción, en la política mucho tenemos que avanzar aún.

Seguimos sumergidos en la política de las cloacas. Sin embargo, poco ha avanzado la política. Y, para ello, han tenido que aparecer partidos nuevos que hicieron, poco a poco, bajarse de la nube política a los que invadía un sentimiento total de impunidad. Hasta hace bien poco, tan solo UPyD había hablado, apostado y dado signos claros de regeneración democrática.

Sin embargo, un solo partido y con pocos apoyos poco pudo hacer, incluso, para que se les atendiese en los medios.

Hoy todo eso ha cambiado. El desánimo y la frustración tan generalizados que ha vivido España hizo despertar a la gran mayoría de ciudadanos y, gracias también a un mayor interés de los medios, ha sido imposible engañarnos y tenernos acomodados. Hoy, estamos más informados y también nos dan más información. Hoy, empezamos a tener sentido crítico para hacernos muchas preguntas. ¿Es posible imaginar a un ministro tomando decisiones de estado por su cuenta y actuando libremente? ¿Es capaz de sumergir al estado en lo más profundo de las cloacas un ministro de interior, Barrionuevo, o un secretario de seguridad del Estado, Rafael Vera, sin orden superior?

La política en las cloacashoy

En definitiva, resulta difícil de creer. Igual que resulta muy complicado imaginarse, hoy en día, a Esperanza Aguirre, Rajoy o Fabra totalmente ajenos ante los casos de corrupción que pasaban por delante de sus ojos en tramas tan estructuradas como la Gürtel, la Púnica, el caso Bárcenas y todos los sucesos acaecidos en, sobre todo, las Comunidades Autónomas de Madrid y Valencia.

Pero parece que en España nuestros representantes públicos siempre han preferido quedar como incompetentes antes que como corruptosy delincuentes.

Es por eso que, ahora que la sociedad parece que ha dado un pase adelante en intenciones, interés y actividad política en general, los que nos representan en las administraciones deben ponerse a la altura.

Y, aún más, los nuevos políticos, los que hoy entran en este mundo tienen la responsabilidad mayor de, sin tapujos ni restricciones, evitar cualquier conducta que nos remita a esa España vieja y casposa, políticamente hablando.

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