La retórica antisistémica ya es un clásico: “Vamos contra el poder hegemónico”. ¿A quién no le va a gustar? Suena como el vals de las mayorías. Después de todo ¿A quién no le agrada que hablen desde sus propias penurias? Pablo Iglesias no ha descubierto el agua tibia.

Si intuimos que los poderosos de siempre son los que configuran nuestra desesperanzadora realidad, ¿cómo no querer que caigan sus cabezas? Desde Venezuela y hasta España, el mismo trillado discurso es válido para dos sociedades completamente diferentes.

Oír el discurso de Pablo Iglesias en cualquiera de los hasta hoy repetitivos debates de investidura, es simplemente escuchar a un Nicolás Maduro un poco más intelectual, o a un Hugo Rafael Chávez Frías menos militar.

Con la triquiñuela del joven rebeldoso, pero esencialmente su contenido es el mismo.

El discurso candente de Iglesias

"Se sentó a esperar y dejó que los aparatos y las élites organizaran la operación. Así le dijo Pablo Iglesias hoy al ya presidente Mariano Rajoy. Habla de “La operación”, porque los socialistas siempre le ponen un nombre lúgubre al acto de ganar el poder por parte de los conservadores. Para los conspiranoicos y conspiradores, todo es una conspiración.

Lo mismo ocurre aquí en Venezuela, donde todo es un “golpe de Estado”. Le llaman así porque aquí los socialistas son los que “gobiernan”. Pero en resumidas cuentas, todo es una conspiración.

Otro ejemplo similar ocurrió cuando Iglesias apeló al típico antiimperialismo de los “boinas rojas”: "Hay una nueva España con dignidad soberana de nuestro país frente a los poderes extranjeros".

En Venezuela a esto le llaman “el imperio” y es el culpable de todos nuestros males: La crisis económica, las fallas de electricidad y hasta la inseguridad. Pobres hombrecillos rojos, nunca hacen nada malo, porque son de izquierda y nunca andan trajeados.

Discurso reciclable

En Venezuela lo escuchamos todos los días: ¡Burguesía parasitaria!

¡La oposición esta mandada por el imperio! ¡No volverán! Llevamos 18 años escuchando lo mismo, aunque el mensaje comunista ha estado presente desde finales de la primera mitad del siglo 20.

Los socialistas nunca son culpables de nada. Cuando son oposición se jactan criticando la corrupción, como si a ellos nadie los financiara de forma dudosa.

Y cuando son gobierno, entonces la palabra “corrupción” deja de sonar, aunque la misma exista y se multiplique. Bien le ha respondido Rajoy a Iglesias en una ocasión "Señor Iglesias, es usted estupendo".

La Quinta esencia

Por sus discursos y por mucho más, los “comunistoides de guión” no siempre son de fiar. Hippies de estudiantes, pero ultra reaccionarios cuando ocupan su trono. Preguntémosle a cada uno de ellos más puro estilo Rajoy… “¿Es usted el único honrado de España?" “No se confunde nunca. Es el único decente, independiente, al que nadie es capaz de presionar"

No nos engañemos, no son ellos ni de cerca “la quinta esencia de todas las virtudes”.

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