Ayer, en la calle Ferraz, los socialistas pusieron punto y final a un asunto que les perseguía desde hace ya algún tiempo: la decisión de abstenerse (y propugnar otra vez el mandato de Rajoy) o de votar en contra de esta decisión (y provocar, por lo tanto, unas terceras elecciones con todo lo que ello supone).

Parecía que con Pedro Sánchez al frente del partido, las posiciones estaban muy marcadas, con un claro no a una nueva legislatura del Partido Popular.Pero no todos en el seno socialista lo tenían tan claro, y así fue como el Comité Federal forzó la dimisión de Sánchez.De esta manera parecía que la situación iniciaba un rumbo nuevo, y así se confirmó ayer con la decisión de los diligentes del partido de abstenerse (con 139 votos a favor y 96 en contra) y, por consiguiente, dejar el Gobierno en manos de PP y de Mariano Rajoy.

Mientras, en las calles la militancia se manifestaba en contra de esta decisión, haciendo patente la brecha que se ha abierto últimamente entre ésta y la dirección Política del partido.

Sin embargo, no es la militancia la única masa social que está en contra de la decisión tomada por los políticos. En el PSC tampoco parecen acatar esta decisión o, al menos, no parecen muy proclives a hacerlo sin poner trabas en el asunto. Ante esta problemática, algunos personajes se han pronunciado con el objetivo de calmar un poco los ánimos, ya que estos hechos dejan en una situación muy frágil el partido.

Miquel Iceta, líder del PSC ya ha dejado claro que: "El problema para el PSOE no es el PSC, es Rajoy" y des de la dirección se está intentando hacer visible el problema: "Tenemos un problema con el PSC y si volvemos a mirar hacia otro lado con ese problema, nunca quedará resuelto", aseguran.

Sin duda la decisión tomada le va a acarrear varios frentes de conflicto al PSOE. Aunque la abstención ha sido justificada para evitar daños mayores (como por ejemplo otra catástrofe electoral o la necesidad de realizar una consulta a las bases para elegir nuevo secretario) también es cierto que a partir de ella surgen dos líneas de tensión que amenazan a la integridad del partido.

Por un lado, tenemos todo el bloque de la militancia, que en su mayoría (como salió en una encuesta pública) estaba totalmente en contra de la investidura de Rajoy, y por lo tanto se puede sentir traicionada y menospreciada. Y recordemos que los partidos políticos se nutren políticamente de los votos de sus miembros.

Por otro lado, las discrepancias con el PSC pueden generar aún más división y más conflicto en el partido, y la situación parece estar ya demasiado tensa como para aguantar más dificultades sin que se produzcan consecuencias negativas para la estructura del partido.

Sin duda alguna se les plantea un futuro incierto a los socialistas, que tendrán que hacer frente a un muy posible gobierno del Partido Popular, con la contradicción de tener que hacer oposición a una realidad que ellos mismos han engendrado.

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