Lo hechos acontecidos en la sede del Partido Socialista durante estos últimos días arrojan un panorama de evidente complejidad política. De entre los más dañados, obvio resulta destacar la figura de Pedro Sánchez, un secretario general que deja tras de sí un mediocre legado electoral, una imagen renovadora que se ha tornado en disidencias internas, y un conjunto de apoyos con actitudes más bien dramáticas.

De entre sus piezas más ilustres, contrasta la aceptación que Hernando ha tenido, pues se entiende que pese a haberse mantenido leal a Sánchez, ha desarrollado su trabajo con una mayor capacidad de diplomacia y consenso que otra de las apuestas del ya ex secretario: César Luena.

A Luena se le achaca desde dentro de Ferraz un atrincheramiento fanático, sin ningún tipo de espacio a la reflexión ni a pelear por una masiva colaboración unitaria interna.

Otro de los frentes abiertos y más candentes es el bando "felipista", capitaneado por una Susana Díaz que no ha querido desgastar su propia imagen a nivel político nacional, cuidándose de la salpicadura de los ERE andaluces, de los mensajes censuradores de Ferraz ("de Despeñaderos para abajo, a nivel nacional no sirve"). Mientras Pedro Sánchez se mojaba tomando decisiones que afectaban tanto a nivel de partido como a nivel nacional, Susana aprovechaba el amparo de la capa de Felipe González.

Ahora que hay una Gestora al mando del partido, se hace necesario ir definiendo las líneas maestras de la organización, y uno de los mejores posicionados para dirigir la nave en este paso por el desierto es alguien que entró abucheado a Ferraz hace escasos días, alguien que fue derrotado electoralmente por el propio Pedro Sánchez y se halla en el "lado de los moderados": Eduardo Madina.

Todo apunta, pues, a que será la voz del partido en el congreso.

La situación del PSOE es complicada, envuelto en una bipartición donde el "no es no" de Sánchez abarca un sector que ya se ha manifestado en la calle en contra de pesos pesados como la propia Díaz, y el otro bando de corte moderado donde se apuesta por una línea política más tradicional y ligada al bipartidismo español al que los socialistas se habían acomodado.

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