Desde que se supo que una estatua ecuestre del dictador Francisco Franco formaría parte de la exposición que el Ayuntamiento de Barcelona pensaba montar en el Mercat del Born, ahora sala de exposiciones y en donde se organizó una conmemorando el 300 aniversario de 1714, y puesta a la entrada del mismo, buena parte de Barcelona y de Cataluña se rebeló contra esa presencia, que consideraban una ofensa al pueblo catalán, teniendo en cuenta lo que el dictador provocó a su población durante su larga dictadura.

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La exposición, titulada “Franco, Victoria, República. Impunidad y Espacio Urbano”, que pretende mostrar cómo oprimió el franquismo a la ciudad durante 36 largos años, se les ha ido de las manos a los responsables municipales de Ada Colau, que han defendido no sólo que era idóneo presentar aquella estatua, sino el lugar elegido. En Barcelona hubo semanas de discusiones y de acusaciones mutuas, donde se oyó decir a Jaume Collboni (PSC) que el Born era “el Valle de los Caídos del independentismo”, lo que ofendió a muchos.

Desde la inauguración, la estatua sin cabeza de Franco (se encontraba ya así al ser traída del almacén en donde estaba) ha sufrido ataques sin tregua, de una manera casi surrealista, durante 5 días.

Huevos, pintura, una cabeza de cerdo, y tanto el caballo como el cuerpo del dictador fueron pintados con los colores de la estelada o de la bandera gay.

Al final, de noche, tres hombres se acercaron a la estatua y le dieron el ataque definitivo, casi de película: le han tirado encima una puerta, un colchón y un saco de mortero. Luego, la han empujado por un costado hasta que volcó.

Las imágenes están en Internet de cómo lo hicieron, con vídeo y todo, y se ha identificado a uno de ellos.

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Huyeron rápido después de todo. Varios curiosos que paseaban por allí, se hicieron selfies al lado de los restos de la estatua, que ha sido retirada definitivamente y ya no se volverá a colocar.

 El Ayuntamiento y la Guardia Urbana han empezado una investigación, pero la extrema derecha española está de los nervios, como si hubieran profanado a su dios, no el del Cielo, sino Franco. La Fundación que lleva el nombre del dictador, con un lenguaje rimbombante que aquí no reproduciremos, defendió su legado con la palabrería suya ya muy conocida y más vista que el TBO y le puso como un mártir, casi como los que daban su vida en el circo romano.

Asimismo, denunciará al Ayuntamiento por lo ocurrido con su estatua.

En Twitter, muchos se alegraron con el espectáculo, ironizando, y con un divertido hashtag, #SaMataoPaco: “La culpa es de la estatua por ir sola por la calle. Y con minifalda creo que iba. Lo estaba buscando”, “Hola, Fundación Francisco Franco. ¿Visteis ayer como retiraban en Barcelona la estatua de Paquillo usando un camión de residuos?”, “Franco se ha caído del caballo mientras paseaba imitando a Sleepy Hollow por el Born de Barcelona”, “Parece ser, que Franco no puede continuar en el terreno de juego.

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Entra Albert Rivera para reemplazarle”, etc.

Este cronista opina que fue una grave equivocación del Ayuntamiento poniendo la estatua en la puerta, o simplemente al elegir el Born, con su carga simbólica que conviene no profanar. Y la gente ha acabado viendo bien, en su mayoría, lo que ha pasado. Es como si se hubiera puesto una estatua de Adolf Hitler delante de una sinagoga judía. Lo mismo.

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