La guerra total ha estallado en el Partido Socialista. Después de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, los malos resultados han dejado a Pedro Sánchez sin apoyos para su “proyecto” político. Crecen las voces discordantes dentro de su propio partido, incluso más barones se unen en contra del discurso de Sánchez.

Los ataques se han hecho abiertamente en los medios de comunicación, incluso la líder del Partido Socialista en Andalucía, Susana Díaz, se ha apuntado a la ronda de ataques, pidiendo incluso responsabilidades políticas a su Secretario General. La propia Susana Díaz ha dejado ver que está dispuesta a presentarse a la Secretaría General y forzar la retirada de Sánchez.

La presidenta andaluza se había mantenido al margen, pero muy vigilante, en todas las etapas políticas atravesadas este año. No se había querido destapar como una posible sustituta para ser la candidata del partido a nivel nacional. Lo que la propia Díaz haga, es muy importante a nivel nacional, es la voz con más apoyos dentro del partido. Los resultados electorales del PSOE en todas las elecciones de este año sólo han valido para debilitar las posiciones socialistas, solamente han servido para quitar peso a Pedro Sánchez y convertir al PSOE en presa fácil para el Partido Popular.

Pedro Sánchez quiere hacerse valer promoviendo el congreso para el día 23 de octubre, es la jugada desesperada del Secretario General.

Este movimiento táctico puede ser su “tumba” política, incluso podría resultar la quiebra total del PSOE a nivel nacional. La idea de Pedro Sánchez es mantener su posición de Secretario General y elegir la vía de pactos con Podemos. Esa línea roja marcada por la directiva del PSOE, había sido una losa demasiado pesada para Sánchez, que sólo tenía la posibilidad de dejar gobernar al PP con su abstención.

Sus propios barones lo llevaron a un hundimiento como líder, o más bien podríamos decir que lo llevaron a ser el “cabeza de turco” en esta situación de bloqueo.

Veremos enfrentamientos muy duros dentro del PSOE en los próximos tiempos. Estos movimientos debilitan las posiciones del partido de cara las próximas y posibles elecciones.

Los partidos tradicionales, que no están democratizados en sus órganos de dirección, sufren día a día guerras internas. Estos partidos tradicionales no parecen estar preparados para no tocar poder. Los nuevos tiempos han sorprendido a muchos en sus sillones y no parece que se muevan para cambiar, sólo para mantener sus posiciones de poder.

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