En España nunca ha existido un estado de derecho contra la corrupción y es que sólo se unas pocas personas aisladas y sin ningún tipo de organización ni estructura sólida, se han dedicado a atacarla sin complejos.

Decía Julio Anguita que la corrupción no nace de la política sino que existe porque está instalada en la sociedad. Y es que un político no se hace corrupto porque sí, sino por todo lo que le rodea desde, prácticamente, el momento en el que nace.

Se tiene constancia de que fue en el Siglo de Oro durante el reinado de Felipe III cuando se empezaron a producir los primeros casos conocidos de corrupción en nuestro territorio con un nombre por encima de todos: Francisco de Sandoval y Rojas.

El Duque de Lerma era un fiel consejero y amigo de confianza del rey Felipe III y éste le hizo válido para reinar en la sombra. Pero hubo muchos más, la mayoría relacionados con el Duque, como el caso de Pedro Franqueza, que de su apellido poco conservó. El Conde de Villalonga fue ascendido por Francisco de Sandoval y Rojas, y fue otro experto en el mundo de la corrupción. Fue condenado a la perpetua por cohecho, fraude y falsificación.

Todo esto se empezó a conocer gracias al nacimiento de la novela picaresca que surgió como una crítica feroz a las degradadas y decadentes instituciones del imperio español. En contraposición a las novelas caballerescas de carácter heroico, nace como respuesta a una clase social, la burguesía, que parecía vivir en otra realidad no paralela, muy por encima del resto de la población y alejada de los problemas de la sociedad del momento.

Fue la primera llamada a la acción contra esta lacra y muestra de un mal endémico que parecía estar ya demasiado instalado en todos los ámbitos sociales.

Decía también Anguita que cuando salió de su amada Andalucía y llegó a la capital, se encontró con un ambiente que incitaba especialmente a la corrupción.

De repente, parecía que políticos de cualquier partido y otras personalidades importantes tenían demasiado interés en comer con él. Y que en esas comidas es donde empezaba todo. Es por eso que el ex líder de Izquierda Unida se negó siempre a este tipo de eventos.

Estas comidas son el mejor ejemplo de lo bien visto que ha estado todo lo que en último término se llama corrupción: las triquiñuelas, los negocios en la sombra, la picaresca y demás tropelías varias.

En la España de los nuevos ricos todos, y no solo los políticos, se creyeron cerca de la inmunidad, del todo vale. Y es que aunque España siempre ha estado llena de lazarillos, hace 20 años nos creímos muy por encima de nuestras posibilidades, no sólo económicas sino también jurídicas.

La corrupción en España debe morir desde la sociedad

En los colegios todos hemos podido ver cómo se aplaudía al que hacía una pequeña trama, al más travieso o al más cabroncete. Cuando vamos creciendo todos escuchamos al padre de no sé quién, que ha hecho esto y lo otro para sacarse su dinerito especulando, evadiendo impuestos o con negocios que rozan lo ilegal. Esos asuntillos, con un punto turbio, que nunca fueron especialmente mal vistos en España.

Y por aquí parece que surge la primera y verdadera fuerza del cambio político en la España actual. Una sociedad que está dejando de ser ajena a lo que le rodea. Que se informa, que empieza a señalar con el dedo y que pide justicia. Una sociedad activa frente a la dormida y condescendiente de antaño. Este puede ser el cambio real que transforme la sociedad española: el cambio de mentalidad de todos nosotros.

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