Después de mes y medio desde la repetición de las elecciones, la situación de cara a la Investidura sigue estancada. Lo único que se ha logrado establecer de forma más o menos sencilla ha sido la constitución de la Mesa del Congreso, con mayoría conservadora y presidida por la popular Ana Pastor, y la formación de los grupos parlamentarios, donde por primera vez en lo que va democracia, Convergencia se ha quedado en el grupo mixto.

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También ha comenzado a andar la legislatura en el Senado, cámara en la que la mayoría absoluta del PP hace que las novedades que allí se produzcan sean muy escasas respecto a los últimos años. Sin embargo, en las cuestiones verdaderamente importantes, no hay nada nuevo bajo el sol. Mariano Rajoy sigue sin lograr los apoyos suficientes para superar con éxito una investidura y la amenaza de unas terceras elecciones comienza a asomar por el horizonte cada vez con más fuerza.

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Los de Génova siguen apostando por la famosa 'Gran Coalición' configurada junto a los socialistas y Ciudadanos. Por su parte, la formación naranja aboga también por este tripartito, aunque con un pequeño matiz: que Rajoy de un paso hacia atrás. Asimismo, el PSOE se reafirma cada día con más contundencia en su NO al PP, esté o no liderado por el actual presidente en funciones. Mientras, el partido de Pablo Iglesias se encuentra actuando como el típico niño situado en la última fila de clase, intentando llamar la atención para que le gente no se olvide de él.

Y es que el caso de Podemos es bastante llamativo. Su peso en la formación de gobierno y en las previas negociaciones de investidura es nimio, dado que, como es lógico, los populares no buscan absolutamente ningún acuerdo con ellos, pero además no disponen de escaños suficientes para liderar una alternativa a Rajoy, al no lograr su ansiado 'sorpasso', ni sumar más escaños.

En definitiva, cada uno de los cuatro principales partidos se encuentra desempeñando una estrategia distinta y la investidura sigue sin llegar.

Llama la atención el término que está acuñando buena parte de los medios de comunicación y la plana mayor del PP y Ciudadanos: bloqueo de los socialistas. Toda la responsabilidad de la falta de entendimiento está recayendo sobre Pedro Sánchez. Sin embargo, esto no deja de ser una clara estrategia para ocultar la incapacidad de diálogo y negociación que tiene Mariano Rajoy. Es muy sencillo culpar a terceros de lo que tú, como candidato propuesto por el Jefe del Estado, eres responsable.

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Hemos de recordar que tras el 26J, el Congreso está formado por 183 diputados conservadores (PP, C's, PNV, CDC y CC) frente a 167 escaños de izquierdas (PSOE, UP, Bildu y ERC). Teniendo en cuenta que, en segunda vuelta, basta con conseguir más votos a favor que en contra para ganar la investidura, resulta claro que los populares pueden alcanzar fácilmente el gobierno si exploran esa vía con sus afines ideológicos.

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Lo que ocurre es que después de casi cinco años gobernando sin contar con otros partidos, amparándose en su mayoría absoluta, resulta muy complicado ponerse a hablar con el resto de formaciones. El PP no está acostumbrado y ello le está pasando factura estas semanas. Quizá deberían retomar el espíritu negociador de Aznar en el año 1996, cuando llegó a acuerdos de investidura con el PNV y CiU. En aquella época parece que era evidente que el PSOE no podía ayudarles. Ahora, en cambio, es más sencillo quedarse sentado en el sofá y esperar a que un partido antagónico te realice el trabajo sucio.

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