Las elecciones van y vienen, y en España en los dos últimos años nos hemos permitido el lujazo de ir a votar en varias ocasiones, pasando de la indignación a la alegría, y de esta a la desesperación.

Quizá por ese 'no cambio' producido sobre todo en los Ayuntamientos, los españolitos fueron a votar menos en la última convocatoria del pasado mes de junio, y quizá, solo quizá, la alegría con la cual muchísimas personas fueron a votar pensando en un cambio real de la política española, se convirtió en varios cientos de miles de votos para aquellos partidos supuestamente nuevos que lo iban a cambiar todo.

¿Qué ha sucedido?, lo que era de esperar. Las promesas electorales se convierten en respuestas políticas.

Un ejemplo. El Partido Popular alcanzó la mayoría absoluta en las elecciones Generales de hace casi cinco años prometiendo una bajada de impuestos. La realidad fue una subida masiva de impuestos de todo tipo. Un ejemplo terrible el de la cultura: comprar un libro pasó de un 4% a un 21% . Sorprendentemente, comprar una película pornográfica parece ser que se mantuvo en ese 4% (prefiero no opinar por si me equivoco).

Resultado, sus electores dejaron sus votos en el cajón, o lo cambiaron hacia otros partidos en las siguientes elecciones generales.

El popular Podemos hizo algo parecido. Sus iniciativas completamente sociales se fueron desinflando en el mismo momento rozaron el poder.

Sus consignas 'anticasta', refiriendose a los viejos partidos, en este caso Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español, desaparecieron en el mismo momento en el cual ayuntamientos y comunidades autónomas de media España siguieron gobernadas por el PSOE con el apoyo masivo de los podemitas. ¿Dónde se quedaron los gritos anticasta?.

Explicaciones tienen todos los partidos. El Partido Popular afirmó que la 'herencia' recibida obligaba a subir el IVA y varios impuestos más. Podemos afirmó que la casta ya no era tanta casta, y que más casta era el PP, y por eso apoya en toda España a la ya no casi casta del Psoe.

Y en los Ayuntamientos, la política más cercana para la población ocurre lo mismo.

Dos ejemplos de basuras de dos ciudades muy distintas. Madrid y Alicante. Las concesiones de basura son multimillonarias, casi setecientos millones de euros la primera, y más de cuatrocientos la segunda.

En ambas ciudades Podemos y/o sus confluencias con sus nombres 'ganadores o presentes' afirmaron en la Campaña electoral que las concesiones de basuras se municipalizarían si o sí. Mejor dicho, SÍ, frente a los comentarios de los expertos que afirmaban que eso no era posible.

Las gentes de Podemos gritaban llamando poco menos que fachas a estos ciudadanos expertos, y el resultado final es que sí o sí a las concesiones para la recogida de basuras. En el caso de Alicante se mantienen durante unos cuantos años más (como afirmábamos mucha gente), y en el caso de Madrid, las nuevas concesiones que se iniciaran en unos meses acaban de ser otorgadas a siete grandes empresas, que si escribo sus nombres os sonarán perfectamente, con una rebaja máxima de un 1% en el precio final solicitado.

Es decir, en ambas ciudades más de lo mismo. La cuestión es: ¿esto es mentir a la ciudadanía? La respuesta clara es SÍ.

La otra cuestión importante sería preguntarse por qué aquellos que hablaban de Don Diego y ahora dicen María, y los que defendían a Doña Pepa frente a Jesús, ahora se excusan con miles de millones de motivos que antes no aceptaban.

Mienten. Mientes todos, los nuevos, los viejos, los antiguos, los modernos, los conservadores, los progresistas, los blancos y los verdes.

El único problema es descubrir por qué los ciudadanos insisten en defender cuestiones que hace dos años atacaban.

Yo personalmente, estoy hasta la punta de la nariz de la famosa 'herencia recibida', por parte de unos y de otros.

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