El final de la guerra no trajo a España la paz, como machaconamente la maquinaria de propaganda franquista intentaba inculcar. Llegó la victoria y con ella la venganza, más dolor y más muerte. La caída de la República y el estado de derecho conllevo la destrucción del sistema democrático y de libertades. Un estado de terror, un régimen totalitario se desarrollaría desde 1939 (habría que hablar desde 1936 en la zona fascista) hasta 1947 (los historiadores perfilan esta franja de años como la de mayor represión del franquismo).

Durante los años de la Guerra Civil y la postguerra se levantaron 180 campos, entre campos de trabajo y de concentración.

Se estima que una media de más 400.000 personas estuvieron encarceladas en las cárceles y campos franquistas en 1939. Principalmente los reclusos fueron militares del ejército Popular, las Fuerzas aéreas y navales leales, disidentes políticos, presos comunes y homosexuales. Los presos comunes más violentos eran utilizados como vigilantes de los presos civiles por causa política. Todos estaban en régimen de esclavitud, en condiciones infrahumanas de explotación laboral.

El primer campo de concentración se levantó el 20 de Julio de 1936 en Ceuta, en el Monte Hacho, el último en Miranda de Ebro (Burgos) cerrado en 1947. Algunos de los más destacados fueron: el campo de Concentración de Albatera (Alicante), el de Castuera (Badajoz), el de Cartuja de Porta Coeli (Valencia), el campo de los Almendros (Alicante) y el propio Valle de los Caídos.

España no era un país, era una carcel.

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