Juan Antonio Gil de los Santos es economista, diputado autonómico y portavoz de salud del grupo parlamentario Podemos Andalucía. En una entrevista exclusiva para Blasting News, conversamos con él sobre la situación sanitaria que atraviesa el país.

¿Cómo definirías la situación de España en esta materia?

La definiría como una de las políticas públicas más golpeada por la crisis económica, llevándola a una situación crítica donde toda la presión de los recortes sanitarios se ha volcado sobre los hombros desnudos de los profesionales sanitarios, amortiguando ellos y ellas solos el deterioro en la calidad asistencial hacia el paciente; pero que no es mucho más sostenible en el tiempo, abriéndose fisuras que amenazan con una rotura grave.

De hecho, debido también a la crisis, el sistema sanitario se ha convertido en la última trinchera para recuperar cierta equidad en una sociedad fragmentada socialmente, donde la brecha de la desigualdad ha crecido de manera alarmante. Si esta trinchera cayese, se vendría abajo el Estado de Bienestar que tantos años ha costado construir. Y no estamos muy lejos de que este preocupante augurio se haga realidad, pues el sistema de aseguramiento privado está ganando peso sobre el sistema público. Nos encontraríamos en un futuro próximo a que aquellas personas que se lo pudieran permitir tuvieran mayores oportunidades de supervivencia frente a una enfermedad, mientras los más humildes económicamente debido al colapso del sistema se verían avocados al cadalso.

¿Cuál es el gran obstáculo con el que se encuentran los profesionales de la sanidad publica para realizar su trabajo?

Los tres mayores obstáculos a los que se enfrentan los profesionales en la sanidad pública son, por este orden, la falta de recursos, la falta de autonomía real en la toma de decisiones y la ausencia casi total de planificación.

Y me explico. Desde que comenzó la crisis se ha negado por activa y por pasiva que los recortes hubiesen alcanzado a un área tan estratégica como es la salud pública (que va más allá de la sanidad y que pasa por políticas de vivienda, empleo o sociales) y la sanidad propiamente dicha. Se han usado herramientas de gestión clínica para ocultar o desviar la atención sobre la incidencia real de estos recortes, como ha ocurrido con la perversión de las Unidades de Gestión Clínica.

De esta forma mediante contratos programa cerrados que no se discutían los profesionales sanitarios se vieron desprendidos de la posibilidad de disponer o planificar recursos según las necesidades reales de asistencia sanitaria según evidencia científica, imperando por encima de cualquier factor el carácter economicista de ahorro a cualquier coste. Al negar la propia realidad y no disponer de auditorías externas objetivas que evalúen la conveniencia y el nivel de satisfacción del sistema de gestión actual por UGC es imposible articular una planificación, cayéndose en un círculo vicioso de una perenne improvisación continuada.

¿Cómo puede revertirse la situación actual?

Aunque existen decretos de garantías que establecen períodos máximos de espera para asistencia especialista y operaciones quirúrgicas, en la práctica el sistema se encuentra perturbado debido a estratagemas administrativas y de maquillaje en las lista de espera.

Por tanto, para conseguir revertir el sistema no solo es necesario volver a la situación de gasto por habitante previa al estallido de la crisis, sino también regular al detalle el proceso de listas de espera para que sea un sistema justo, eficiente y cristalino.

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