El día 13 de agosto Albert Rivera, líder de Ciudadanos, declaraba: "no se puede mover ni una coma" del documento presentado al Partido Popular. Dicha postura ha cambiado sin embargo con prontitud y varias veces durante las últimas horas.

Apenas una semana después Juan Carlos Girauta, portavoz parlamentario de Ciudadanos, entablaba negociaciones con el PP y aseveraba "no voy a hablar de líneas rojas", aludiendo a la predisposición de negociar los puntos establecidos en el resumen que enviaron al PP para abrir el proceso de diálogo y que incluía seis medidas destinadas según la formación naranja a combatir la corrupción.

Una de las primeras cesiones ha sido respecto a las diputaciones, dado que Ciudadanos pretendía su supresión entendiéndolas como un ejemplo de despilfarro y el Partido Popular tan sólo ha accedido a reducir su gasto. En España existen 38 diputaciones de régimen común que cuentan, para el presente año, con un presupuesto de unos 6.400 millones de euros. Otro de los requisitos del partido de Rivera se centraba en las primarias, sobre las cuales el PP de momento ha accedido a debatir sin establecer compromiso alguno.

Pero la renuncia más flagrante de Ciudadanos es sin duda alguna respecto a la solicitud de una comisión de investigación en torno al caso Bárcenas, y es que hoy ha trascendido que el PP ha logrado que Ciudadanos retire la palabra "Bárcenas" del documento anticorrupción.

Otro punto significativo de las negociaciones es que el partido de Rivera no va a exigir a Mariano Rajoy la derogación de ninguna ley aprobada por el PP, como la reforma laboral o la Ley de Seguridad Ciudadana (denominada popularmente "Ley Mordaza").

Parece que para aquellos que se arrogaban el papel regenerador de la escena Política actual es cada vez más difícil lograr medidas concretas en este ámbito, a fin de cuentas proponer al partido más corrupto de Europa sellar un pacto anticorrupción de peso y con garantías es cuanto menos infantilista, si no una mera maniobra política.

Sea como fuere y ante un hipotético acuerdo entre ambas formaciones, dicho escenario sumaría a los 137 diputados de Rajoy los 32 de Rivera, un número más que insuficiente si el Partido Socialista sigue optando por votar negativamente a la investidura. El partido de Albert Rivera sigue en la línea de implicar al PSOE en una abstención que por el momento no llega.

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