Los 5 días del Orgullo Gay se han cobrado caro la paciencia y el bienestar de los vecinos que habitan los barrios en los que éste se ha desarrollado. El lunes por la mañana, el Ayuntamiento de Madrid, informaba que pese a las 124 toneladas de basura que ha quedado tras el evento, ha sido mejor que el año anterior. Durante las celebraciones del Orgullo Gay del 2015, los residuos generados superaron las 129 toneladas. No obstante, los vecinos que viven en los barrios céntricos, han elevado su queja de manera popular.

Manuela Hernando vive desde hace 3 años en un pequeño piso de la calle Pelayo. Trabaja como recepcionista en un Hotel de la zona de Opera y sus horarios varían cada semana.

“Mi piso está en una tercera planta y es interior, pero así todo, era imposible descansar por los ruidos de la calle”, relata Manuela. Pelayo ha sido una de las calles fetiches de estos días. Una de las vías más cortas de la capital, se volvió peatonal para celebrar allí la carrera de tacones o dos batallas de agua, una para niños y otra para adultos.

“El año pasado pude irme de vacaciones justo para la fiesta del Orgullo Gay. Es como estar preso en tu propia casa. Cuando me mude a este barrio, contemplaba su movida, pero lo de este año ha superado cualquier previsión. La forma en la que se ha organizado todo deja mucho que desear. En la comunidad donde vivo para que no rompieran o robaran los cubos de basura, han optado por nosacarlos.

Muchos vecinos estuvieron los 5 días con las bolsas de residuos en sus pisos, otros usaban los cubos de los vecinos y otros dejaban las bolsas dentro del portal”, comenta Manuela.

Los portales y aceras, no solo recibieron basura por doquier, los participantes del Orgullo Gay, no dudaron en hacer sus necesidades en plena calle ya cualquier hora.

La venta indiscriminada de bebidas alcohólicas, el calor y la sensación de “vía libre”, lejos de fomentar la tolerancia que estos días pretendían abrieron una brecha de distanciamiento entre vecinos y manifestante.

¿Por qué la Fiesta del Orgullo gay se realiza en pleno centro de la ciudad?

No solo Manuela que ha vivido en carne propia los días de furia del Orgullo, muchos vecinos que han visto su rutina diaria afectada se preguntan lo mismo.

La Fiesta del Orgullo Gay, ha dejado de ser reivindicativo para convertirse en algo netamente comercial. Trasladar los eventos a la Casa de Cambio o un predio cerrado en las afueras de Madrid, no generaría tantos ingresos económicos y, vale decirlo también, sería mucho más difícil de controlar. Los organizadores sostienen no se haría visible, que es uno de los motivos fundacionales de estas fiestas. Unir y concienciar de las diferencias sexuales y el derecho a la igualdad. Pero de los fundamentos poco queda, con una Madrid ocupada durante 5 días.

La organización ha sido defectuosa, el vallado no se correspondía con los cortes y la falta de límites horarios enturbió el Orgullo. Se estima que cerca de 1,5 millones de personas disfrutaron de estos festejos, la mitad de lo que tenían previsto.

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