Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles...

Uno de los pecados de nuestra amada civilización es la ignominiosa tarea de moldear a los clásicos. Tenemos un ejemplo poderoso en el Aquiles que pisa el Festival de Teatro Clásico de Mérida esta semana. Toni Cantó se viste como el Pelida, habla como creen que podría haberlo hecho el de los pies ligeros y de su charla se entrevé algún verso sacado de la Ilíada, recreado hábilmente por Roberto Rivera.

Pero este Aquiles no es nuestro Aquiles. Quieren venden a un héroe griego valeroso pero hastiado de la guerra, cegado por la lucha y movido por la venganza que acaba por compadecerse en un último instante, casi como una revelación.

Una feliz metáfora de como el odio llama al odio: la ley más antigua del mundo, la del Talión, nunca conduce a nada. Una lección para la vida moderna, ahora que el terrorismo sacude al mundo libre y se suceden los ataques suicidas en cualquier lugar del mundo y las guerras por petróleo y minerales asuelan países tercermundistas.

Oh el poder, sólo el poder. Que no nos ciegue la ira, que todos seamos como Aquiles cuando abraza por fin a Agamenón. Aunque el mensaje sea optimista y esperanzador lo cierto es que ese Aquiles no es nuestro Aquiles.

El Eácida era un héroe solitario que luchaba por su propio honor, como todo miembro de una Grecia arcaica individualista. No existía, por aquel entonces, “el bien común”.

Pero los clásicos han de actualizarse y si ahora queremos ver una colectividad en el egoísmo de Aquiles, bien venido sea. Pero que no nos vendan a ese Aquiles como al hijo de Peleo. Y mucho menos que sirva el personaje para que el actor y político nos venda aquello de que un líder ha de actuar por el bien común, como ha hecho Ciudadanos, por ejemplo, al mostrar su apoyo a la investidura de Rajoy.

Que se justifique así, sí quiere, pero no, por dios, usando el nombre de Aquiles. El diputado de Ciudadanos ha querido vender un acto de patriotismo y buena fe cobijándose tras la larga sombra de Homero. Y algún que otro espectador se irá a casa pensando en el héroe griego que tras vencer la ira acaba por llegar al consenso, y con su afanosa y desinteresada entrega a la lucha da su vida por el bien común, y salva a los helenos y destruye Troya, la de las altas murallas.

Y pensará, por qué no, en todo este jaleo de las elecciones y en su catarsis descubrirá lo que Cantó decía que debía hacer un buen político.

Pensándolo bien después de todo sí que se parece Cantó a Aquiles, al Aquiles más verdadero. Al héroe individual que solo piensa en su gloria y su fama. Porque Cantó, barriendo para casa, se atreve a citar a Homero y creyéndose Aquiles habla del bien común en lo que es sólo un ejercicio de egolatría. “Nosotros apoyamos alPP aunque no nos guste el PP”. En su mensaje se lee: nosotros somos héroes y nuestra fama ha de ser reconocida por nuestra entrega y dedicación al bienestar de todos los ciudadanos, nosotros nos sacrificamos por los españoles. Quiere dejar ver Cantó que ellos son razonables.

Igual que el héroe cuando entrega el cadáver de Héctor a su anciano padre. Pero Príamo tuvo que suplicar al encolerizado Aquiles, tuvo que arrodillarse y besar sus manos. Besar las manos del asesino de su hijo. Así despertó Aquiles de su sueño de hibris. Pero ¿cómo ha despertado Ciudadanos de su cólera? ¿En qué momento, después de negar y renegar de Rajoy, han decidido apoyarle? Parecen haber encontrado la piedad y sin embargo su amable reconsideración vuelve a estar repleta del pecado de Aquiles. Bajo una máscara de heroísmo se esconde una pérfida intención de sublimar una acción política. Cada uno escoge su máscaras, señor Cantó, pero le pediría encarecidamente que no usara el nombre de Aquiles en vano.

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