Los sucesos violentos ocurridos los últimos días en Alemania, ponen en jaque las medidas que Ángela Merkel ha implementado con respecto a los refugiados.

De los 4 ataques, cometidos entre el 18 y el 24 de julio, han muerto un total de 10 personas, entre ellas una mujer embarazada. Más de 30 han resultado heridas, muchas de gravedad. Dos de los asesinos eran refugiados y los dos restantes, solicitantes de asilo.

Ángela Merkel, aún de vacaciones en Uckermark, ha declarado antes de estos hechos, que la política implementada por su gestión con respecto a los asilos políticos ha servido de contrabando para el terrorismo.

No obstante, ella y su equipo parecen convencidos de continuar en la misma línea, aunque las voces más nacionalistas y la oposición lo usen en su contra. Mientras que el ministro del interior alemán, Thomas de Maiziére, asegura que Alemania es un sitio de acogida para aquellas personas que no pueden permanecer en su tierra, los ultranacionalistas alzan la voz con frases como “abrir la puerta a los refugiados, es abrírselas al terror”.

A Merkel también le cuestionan no haber profundizado y analizado las consecuencias de su política migratoria antes de llevarla a cabo.

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