El ministro del interior alemán, Thomas de Maiziere, no lo tiene fácil estos días. Con Ángela Merkel de vacaciones es el encargado de oficializar las decisiones del gobierno. Acaba de anunciar que el país aumentará la presencia policial en metro, autobuses, terminales y aeropuertos de todo el país.

La medida la ha hecho pública tras conocerse que el ataque en Ansbach fue obra del Daesh. Mohammad Deleel, el asesino, tenía 27 años y era oriundo de Alepo. Ocupaba una habitación en el hotel que Alemania ha destino como vivienda de refugiados. La policía ha encontrado al revisar sus pertenecías en el sitio que ocupaba allí, material para fabricar explosivos.

En su portátil había imágenes de contenido terrorista, incluso un vídeo en el que jura lealtad al Estado Islámico.

Mohammad Deleel, el joven atacante que se inmolaba juntos con la detonación de explosivos, no estaba en la mira de los servicios de inteligencia alemán, sin embrago si era conocido por cometer delitos menores. Según los datos obtenidos de su ordenar, el ataque era una venganza reivindicativa por estar alejándose (la gente) de los caminos del islam.

Ansbach es una pequeña ciudad con 40 mil habitantes, de ellos 600 son refugiados.

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