Mariano Rajoy,cuando opina de temas internacionales, nunca acierta con el tono adecuado. Ayer, al estar en la sesión extraordinaria de la UE sobre el Brexit, viendo que estaba allí la Primera Ministra escocesa Nicola Sturgeon, la cual dijo abiertamente lo que su país desea, seguir en la UE si Gran Bretaña se sale (un 62 % de escoceses votó en contra del Brexit), sea con estatus especial o como país independiente, Rajoy se negó a ello y usó un lenguaje que sonaba mucho cuando lo utilizaban él y sus Ministros contra Catalunya (“Si Reino Unido se sale de la UE, Escocia también”).

Sturgeon dijo sin problemas lo que sentía, con el respeto de quienes le escuchaban.

Incluso Francia, que según Hollande “prefiere que las negociaciones [de salida de la UE] se lleven principalmente desde Downing Street [domicilio del Primer Ministro británico]”, ha actuado con más prudencia y no ha sido tan duro ni tan tajante al hablar así de Escocia. Sólo Rajoy ha sorprendido, y desagradablemente, con su tono. La UE intenta como sea que Gran Bretaña no se vaya, y si partes de su territorio (Escocia e Irlanda del Norte) votaron seguir, le da igual como sigan.

Pero ayer, también vinieron los líderes ultras europeos que celebran el Brexit con un lenguaje rimbombante y maximalista más propio de otros tiempos, como el ultra británico Nigel Farage, que ahora no parece tan desconcertado como el otro día, y sobre todo la ultra francesa Marine Le Pen, que recurrió a sus típicas visiones a lo Juana De Arco (santa venerada por su partido, por cierto) para celebrar el Brexit, durante unas conferencias con militantes en el Norte de Francia.

“Ha sido el acontecimiento histórico más importante que ha conocido nuestro Continente desde la caída del Muro de Berlín. (…) Estamos a punto de escribir la Historia con H mayúscula. Vibramos con los británicos, que han aprovechado esta oportunidad histórica de abandonar la servidumbre”.

Luego, en la sesión extraordinaria de la UE, siguió con su éxtasis místico de película de Fellini y su aire de superioridad: “Ante vuestros gritos indignados, vuestras amenazas de apocalipsis, la caída de vuestras Bolsas, los británicos no han hecho más que recuperar su soberanía, abandonando vuestra amargura y vuestro asombro sobrevalorado”, para sentenciar después, como si fuera Rappel: “El éxito político y económico de un país que ha salido de la UE será una prueba manifiesta de su carácter nefasto”.

Farage, por su parte, llegó triunfalista a la sesión, y dijo, también en un ataque de predecir el futuro: “Gran Bretaña será el último país en irse de la UE”, como creyendo que antes que ellos, los demás 27 miembros se habrán ido corriendo, o que sus ciudadanos ya habrán decidido irse. Se ve que él ignora que muchos británicos quieren que haya un nuevo Referéndum y que la juventud británica no quiere vivir en un país aislado.

El ultra inglés, hace pocos días, cuando el diario El Mundo le preguntaba por sus compatriotas que viven en el Sur de España,dijo: “Si no fuera por el dinero de los británicos, el Sur de España estaría arruinado”. Incluso fue demagogo en lo de Gibraltar: “¿Cómo vamos a seguir en la UE, con un país que nos está siempre amenazando?”

Por otro lado, Marine Le Pen irá mañana al centenario de la Batalla de la Somme, “símbolo de la alianza franco-británica en la I Guerra Mundial”. Ironiza Le Monde con que no sonreirá tanto como ayer, al haber sido “el día más sangriento en la Historia del Reino Unido”.

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