Todo estaba preparado para un sorpaso, una ilusión de nuevas esperanzas y un futuro de izquierdas. La gente animaba, bebía, hablaba, bailaba y sonreía. Todo estaba preparado, sombrero de verano, banderas multicolores, republicanas, y de corazones. El sí se puede subía de tono en cada golpe de garganta… Un horizonte abierto.

El viento comenzó a levantarse y de un primer calor a golpe de sol y cuerpos en la plaza, pasó a un súbitoo frío, casi de invierno, donde los rayos laser multicolor parecían parte de un fetiche de una fiesta donde el trovador nunca aparecía.

Los datos eran como granizo en medio de un trigal, a ver dónde metes la cabeza.

Muchas de ellas arropadas por gorros de paja que en vez de dejar pasar rayos de Sol -como cantaba Kiko Veneno- no podían resistir la caída del meteorito.

Las personas se preguntaban qué pasaba, la máquina de música parecía no tocar bien las notas y empezaron a llegar los datos gélidos, dignos de un duro invierno en estas postrimerías de Junio.

-No puede ser, qué país, otra vez esta caterva de corruptos encima y el stablisment gana, se mantienen los ladrones de siempre. Comentaba el compañero de mi derecha.

La nieve había dejado desolado el jardín, y el personal se preguntaba, con razón, sobre el raciocinio de este páramo al sur de los Pirineos, repleto de fanatismo de andar por casa.

-Si es que en Valencia, donde han dejado un erial, han vuelto a ganar.

Qué se puede hacer con gente así, qué se puede hacer con un país así.

La idea de una Cataluña idílica se levantaba frente al desierto mesetario, repleto de seres con sombreros que nos les permiten ver.

-¿Nos merecemos esto?

Como un Brexit mal digerido, cada uno de los presentes se preguntaba cuál será el futuro de nuestra particular Escocia, o Irlanda del Norte.

Donde da igual que robes, que machaques a la población con políticas de austeridad y plagado de comedores sociales, con cifras de paro trucadas gracias a contratos por minutos. De viva España, aunque sea un desastre de dimensiones cósmicas.

Al final, llegaron los trovadores para levantar un hálito de optimismo, porque no se podía hablar de un grito de esperanzas.

Hay que seguir remando, nadie nos dijo que esto iba a ser fácil, hay mucha gente en este país que oyen campanas de Venezuela y te echan el cierre, sin el menor atisbo de reflexión sobre tal demagoga propuesta.

Chicos, esto es largo, no hay nada imposible, sólo los muros están en tu mente, aunque la realidad nos la gestione el IBEX. Seguimos adelante…

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