Los analistas políticos, al ver que en lugares donde estallaron los casos de corrupción más sonados, y que en todos ellos el PP estaba implicado, sus votos obtenidos subieron como nunca. No se explican qué ha pasado.

La prensa extranjera piensa que todo es por culpa del Brexit del jueves pasado, del cual poco a poco Europa se empieza a recuperar, al contrario que la todavía desconcertada Gran Bretaña, en la cual ya hay gente que suplica repetir el referéndum, para desesperación de los defensores de salirse de la UE.

Eso es en buena parte cierto, pero también lo es que en cierta manera, este país se está berlusconizando.

Es decir, aunque digan los de la derecha española que no, algunos de sus líderes locales han imitado los métodos del inefable empresario italiano, al cual sólo un escándalo sexual monumental, que dejó a lo de Torbe como una inofensiva fiesta del pijama, pudo arruinar su carrera política. Y antes, Berlusconi era un ídolo, una especie de dios, que le votaban con devoción, con frases como “Por fin uno de los nuestros”. No sabemos si hace falta que los votantes vean a algún líder y sus hijas en la cama, o que haya asesinatos a lo Agatha Christie para que abran los ojos y ya no voten a corruptos.

También habría que pensar por qué esa subida general del voto PP en Valdemoro, Granada, Valencia, Xàtiva, etc., lugares con casos de corrupción y muchos de sus autores en la cárcel.

O el caciquismo local es muy fuerte, ya que el voto ha sido mayoritariamente de gente mayor, aunque ya se sabe que las personas mayores son generalmente muy conservadoras, que hasta Sonrisas y Lágrimas les parece La vida de Adèle, o algo ha tenido que pasar para que consigan esta nueva admiración o adhesión incondicional.

No se sabe si la gente mayor les ha votado por miedo a ver rebajadas sus pensiones, o vete a saber. La Red bromea que este es un tema para Iker Jiménez y su programa televisivo sobre temas paranormales.

Cada cual puede votar al partido que quiera, claro. Lo que pasa es que el PP debe fijarse en sus colegas europeos, que han sabido hacer frente a la corrupción de verdad, y hay grandes estadistas conservadores que jamás han sido corruptos, como Winston Churchill, Helmut Kohl o Konrad Adenauer.

Pero el problema del PP es que tienen ese aire de superioridad del general Franco, que siempre miraba a Europa como si fuera Sodoma y Gomorra, frente a la santa Reserva Espiritual de Occidente que según él era España. Es decir, según su teoría, en el Cielo sólo habría españoles. Y los Apóstoles, que eran de Israel, ¿dónde estarían? ¿En el Infierno?

Vamos, es tan diferente la manera de ser de los conservadores europeos a los del PP, que aunque inviten mucho a Nicolas Sarkozy, él tiene una manera de ser que no les gustaría nada, como el casarse a toda prisa con una ex Top Model, recién divorciado de su esposa, a la que un minuto antes añoraba; el defender a toda costa la inocencia de Roman Polanski, acusado de violación, o callarse cuando la famosa polémica de los guiñoles franceses y los deportistas españoles, de la que no dijo ni pío, jugándose la reelección en el Eliseo.

Pero a Sarko sí le puede caer una buena por sus corrupciones varias, que en su país le han perjudicado, en beneficio del también conservador Alain Juppé, impecable como alcalde de Burdeos, en sus ambiciones de volver a ser Presidente de Francia. Hasta en eso, Europa le da un repaso a España. Pero como aquí sólo la gente se subleva si le quitan el fútbol o los programas del corazón…

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