Cataluña, históricamente un bastión socialista, está siendo desde hace tiempo el mayor quebradero de cabeza del partido que lidera Pedro Sánchez, quien vive en un constante interrogante sobre qué debe hacer para recuperar el apoyo de los que fueron sus votantes no hace tanto tiempo.

Con la intención de dar un golpe de efecto, el secretario general del PSOE presentó el 31 de mayo un documento bajo el lemaCompromisos para un sí al Gobierno del cambio,el cual se basa en el programa electoral ya conocido desde el 20D, pero que a su vez aporta una importante novedad, ya que en el apartado territorial se ha introducido la propuesta de "un pacto político con Cataluña".

Para ser claros, y sin usar estas palabras, ya que parece que escribir con claridad no entra en el lenguaje político, la iniciativa trata de un pacto bilateral del Estado con Cataluña que, tal y como expresa el PSOE en el texto, empezaría por una reforma de la Constitución: "En el marco de esta reforma constitucional, y aprobado en consecuencia por todos los españoles, se acordará un pacto político con Cataluña que, respetando las implicaciones del principio de igualdad, reconozca su singularidad y mejore su autogobierno".

Y acabaría, tras la celebración de un referéndum, con la reforma de los estatutos de autonomía.

Hasta aquí todo bien. El problema llega cuando ese cambio en las relaciones con Cataluña puede vulnerar lo aprobado en la Declaración de Granada de 2013 –base de la política territorial del partido– así como el principio de igualdad entre los españoles, provocando a su vez el rechazo de varios líderes territoriales.

Desde Andalucía ha sido Mario Jiménez, portavoz parlamentario del PSOE andaluz, quien ha alzado la voz para mostrar las dudas ante este proyecto socialista. "Si se trata del pacto que requiere un Estatuto de autonomía, nos gustaría que se formulara en otros términos y tiene que aclararse definitivamente para que no haya dudas”.Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, asegura que no defenderá soluciones "a costa de privilegios".

Yañade: "Sí a la singularidad, pero no a la bilateralidad”. Otros líderes, comoFrancina Armengol en Islas Baleares oLuis Tudanca en Castilla y León, creen que se trata de un "avance valiente" y acertado.

Ya se esté a favor o en contra, lo que preocupa son las múltiples interpretaciones que permite el texto, las cuales no queda claro si están ahí para ser precavidos –hablar de un nuevo estatuto puede sonar peyorativo– o si responden al hecho de contentar a todos sin pillarse las manos.

Digo eso porque el PSOE parece optar por las medias tintas. Por un lado saben que tienen que hacer algo, que quedarse hieráticos mientras Unidos Podemos apoya un referéndum en Cataluña y el PP aboga por la mano dura, sólo les condena a tierra de nadie; pero por otro entienden que tender demasiado hacia uno u otro bando les hace perder su sitio ante posturas más fijas.

La realidad es que los números ahogan al PSOE.

Desde las Elecciones generales de 1996 no habían bajado del 34% de los votos en Cataluña, un dato que se hundió en 2011 (26,6%) y que se convirtió en debacle en 2015 (15,7%). Además, las últimas encuestas respecto al 26J no auguran mejora alguna.

Bajo esas cifras, y viendo cómo Unidos Podemos va camino de superarles holgadamente en votos, no condenoel hecho de que intenten algo nuevo. Lo que chirría es que este giro –real o no– termine siendo un nuevo tiro al aire que busque contentar a todos; es decir, el voto fácil.

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