Nuevamente, el Gobierno Rajoy, en funciones pero que actúa como si siguiera gobernando plenamente, comete un nuevo error de cálculo o de estrategia ante la ofensiva diplomática que el Govern catalán hace poco a poco para convencer a los demás países de que el proceso independentista de Catalunya es bueno. Lo de las estelades es otra historia, igual de lamentable, que se les está volviendo totalmente en contra y fortalece a Catalunya.

Hace unos días, ya contamos aquí que, con motivo del 68 aniversario de la Fundación de Israel, las asociaciones judías de Catalunya concedieron un premio a Artur Mas, cuya concesión quiso impedir el Gobierno Rajoy, pero no fue escuchado por los hebreos catalanes y le dieron el premio sin problemas, con asistencia incluida de miembros de la Embajada israelí en Madrid.

Pues la Prensa sueca ha informado de que hace pocos días, el Conseller d’Afers Exteriors catalán Raül Romeva, que fue el cabeza de lista de Junts Pel Sí en las elecciones catalanas de septiembre, estuvo de visita en Suecia para pronunciar una conferencia en el Instituto de Política exterior sueco. Se enteró de ello el Embajador español en Estocolmo, Javier Jiménez Ugarte, y no sólo trató de impedir tal encuentro, sino que llegó a acusar al Gobierno de aquel país de “injerencia sueca en asuntos internos españoles”, ya que Romeva también tuvo una reunión con Carl Schlyter, que preside la Comisión de Asuntos Europeos del Parlamento sueco.

Como en el anterior caso, no tuvo éxito el propósito del Gobierno español, del cual el Embajador cumplía órdenes, pero su actitud no pasó desapercibida para la Prensa sueca, como el diario Dagens Nyheter, para el cual habló curiosamente sin tapujos el propio Embajador, acusando al Gobierno del país de Ingmar Bergman de algo que, en lenguaje diplomático, se considera algo muy grave, sobre todo para quien recibe esas acusaciones.

Romeva también tuvo entrevistas para televisiones y diarios locales, donde con toda tranquilidad contó su visión de lo que quiere Catalunya. Pero el papel del Embajador español no ha sido nada elegante e incluso ha sido torpe, de cómico del cine mudo. Eso sí, es la primera vez que reconoce que ha hecho algo así, y más cuando ataca a otro país como si fuera un complot de agresión a España.

No es la primera vez que un Embajador español trata de boicotear un acto que tenga que ver con Catalunya, no sólo con su proceso independentista, sino incluso cuando reivindica el 300 aniversario del 11 de septiembre de 1714, fecha tan nefasta para los catalanes como el comienzo de la Shoah para los judíos, lo decimos por cómo quedaron arraigadas en generaciones posteriores.

Esto último pasó cuando la Embajada española en Holanda boicoteó y logró suspender la presentación de la traducción al holandés de la novela Victus de Albert Sánchez Piñol, que contaba aquella fecha en una novela que se ha vendido bien tanto en catalán como en español. Algo que el propio autor todavía recuerda con escalofríos y en Holanda se vio con asombro, casi como si la Embajada española fuera como aquellas de países musulmanes que protestaban airadamente por las caricaturas del profeta Mahoma.

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