El ex Catalunya Caixa comenzó a ocuparse en octubre del 2011. Casi dos años después recibieron la primera demanda civil. La lucha okupa, que se alojó en una simpatía social y vecinal, logró que apenas 60 días después de haber interpuesto la denuncia, la Caixa solicitara la suspensión del proceso judicial. Y aunque al poco tiempo, la entidad bancaria decidió continuar con las acusaciones, que nuevamente se suspendió.

En abril del 2013 la Caixa vende el local de su banco a Manuel Bravo Solano, dueño de una importante empresa inmobiliaria que, evidentemente, continúa con el proceso judicial para desocupar el inmueble.

La sentencia a favor de Bravo Solano, para recuperar la propiedad, está en firme desde el 2 de julio del 2014. Sin embrago, otra revuelta social no era conveniente en época de elecciones, por lo que la orden de desalojo fue suspendida hasta previo aviso.

Hasta que se decidiera desalojar definitivamente el sitio, el Banco expropiado era un centro social en el que se impartían talleres de idiomas, de danza y de arte en general.

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