El texto que aquí continúa esta en primera persona, aquel 15 de mayo de 2011, como un domingo más, salíamos a las calles para apoyar las protestas que se urdían por el variopinto colectivo de organizaciones que desde el 2008 se habían activado contra los presumibles recortes de las primeras consecuencias de la crisis. Bajo la plataforma Democracia real ya, principal motor, se organizó la movilización aquella tarde de primavera. Eran algo más de las 6 de la tarde, si bien recuerdo, y tome la comitiva en la plaza Cibeles para seguir al colectivo hasta la puerta del Sol. El mismo día se había organizado una manifestación de bomberos que habían acampado en el Paseo del Prado.

La manifestación se desarrolló con normalidad, los eslóganes y voces iban tomando cuerpo, frases que ya han pasado a nuestro cotidiano acerbo: “Lo llaman democracia y no lo es”, “No hay pan pá tanto chorizo”… El ambiente era de fiesta, las batucadas, pitos y demás bailes se mezclaban con el paso de los asistentes mientras llegábamos a nuestro destino.

Ya en la Puerta de Sol ermanecimos en la concentración durante un rato, para poco a poco desmovilizarnos. Nosotros salimos un momento del lugar, nos dirigimos a tomar una cerveza en la Riki Taberna, en la calle de la Bolsa (yo llevaba la cámara, pero no cubría para ningún medio en ese momento. Al rato, comenzamos a escuchar que en el Sol se está reactivando la movilización y que la policía estaba respondiendo.

Volvimos a la plaza, habían comenzado a llegar más “lecheras”, y se comenzó a sentarse en el piso, en posición pasiva de reivindicación, cogidos por los brazos. En ese momento saque mi cámara, y esperé. La tensión comenzó a subir, las reivindicaciones subieron de tono, y la policía formó para desalojar.

La situación se fue calentando, comenzaron las primeras cargas y disturbios, no de muy alta intensidad, pero poco a poco fueron aumentando. Los compañeros de la prensa gráfica comenzaron a corretear por la plaza, y yo fui colocándome cerca de los acontecimientos. Llegaron nuevas “furgonas”, pero una información nos llegaba desde el Paseo del Prado, los compañeros bomberos estaban acampando, poniendo resistencia a los contingentes de la policía que se tenían que desdoblar entre Sol y Prado.

Los acontecimientos se dilataron hasta la noche, cálida, de ese Mayo, y los grupos asentados en la plaza llevaron a cabo una resistencia pasiva, encarando a los antidisturbios que se detuvieron en sus cargas. “Manos arriba esto es un atraco”… constantemente se escuchaba entre los manifestantes, al igual que gritos silenciosos, con las manos en alto frente a los agentes y las lecheras. En un momento dado, el contingente policial, menor que en otras ocasiones, comienza a tomar una posición de retaguardia, comienza a desestimar cargas, y los manifestantes que cada vez son más toman la decisión de dar un paso hacia delante. La policía no que hacer y no carga, se ven abrumados por los manifestantes.

Por otro lado llegan informaciones de los movimientos de los Bomberos en el Prado. Los antidisturbios desestiman cualquier acción y deciden salir de allí subiendo a las “lecheras”, los manifestantes se levantan y se encaran a los vehículos antidisturbios, con voces de reivindicación pero no de forma violenta. Los cuerpos de seguridad han tomado la decisión de dejar la Puerta de Sol. Salen por carrera de San Jerónimo.

Exultantes, la gente de la plaza decidió acampar esa noche. El movimiento 15M ha nacido. Yo, el día después, salía para Barcelona, el movimiento se consolida dos días después, en la Plaza de Catalunya, y por ende en todas las plazas del Estado.

Éramos los “indignados”, que como señalaría el escritor y periodista Gillem Martínez, no pudieron controlar.

“Violentos”, “radicales”, “antisistema”, un término común en estos casos. Todos cayeron en saco roto. Se tomó el concepto de la obra de Stéphane Hessel (Indignaos, 2010). Esto era nuevo, ya que el Estado surgido de la Transición, ahora, no pudo dominar el lenguaje.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!