Hace unos meses asistimos a una persecución política en toda regla, más propia de países tercermundistas dirigidos por dictadores o propia de uno de esos países que ahora critican como pseudodictaduras. En aquella ocasión la perseguida fue Rita Maestre, no es que desde esta redacción justifiquemos el acto de la ahora concejala de Madrid, pero sí que desde los datos aportados por las diferentes fuentes consultadas, nos pareció algo desproporcionada la actitud de determinadas instituciones judiciales y periodísticas. Perseguida por pertenecer a un partido contrario a quien gobierna el país, la persecución política fue de tal calibre que alguno incluso afirmó que era una especie actualizada de aquella “noche de cristales rotos” que se produjo en Alemania, guardando siempre las diferencias.

El esperpento judicial llegó con la afirmación de la fiscalía donde dejó sobre el tablero la mentalidad retrógrada que todavía existe en algunos aparatos institucionales, carta que decía más de quien la escribía que hacía quien iba dirigida, algo que así mismo lo dijo la afectada.

Sin querer justificar el acto que sucedió cinco años atrás, parecía que este caso sería algo aislado y aunque desde esta redacción lo consideramos una caza de brujas, no pensamos que esta persecución política llegaría tan lejos.

Anoche la Cadena Ser se hacía eco de una supuesta grabación que destapaba una presunta conspiración por parte de un juez para acabar con la carrera política de Vicky Rosell, ex diputada, y si no pasa nada raro, futura candidata al Congreso por Podemos.

Este medio ha tenido la precaución de perder un tiempo maravilloso para dar pábulo a especulaciones, pero ante una noticia de tal calibro se desestimó la redacción rápido y se decidió esperar a recibir más información a través de nuestras fuentes de confianza. Es cierto que hoy todos los medios hablaban de este caso, algo insólito en un país democrático, más propio del régimen de Franco.

El diario.es se hacía eco de unas afirmaciones del Juez Alba, quien sin tener ningún tipo de rubor afirmó no tener animadversión por la diputada de Podemos, pero al poco tiempo se le pudo oír afirmar que Esta es una cabrona, una hija de puta”, palabras textuales que reproduce el medio dirigido por Ignacio Escolar.

Si hace escasos meses pudimos ver como periódicos afines al Partido Popular promulgaban una salida de tono de Rosell en el aeropuerto y cuyo objetivo era simplemente desacreditar a la formación morada, esta noticia los ha dejado en evidencia. Su obsesión por la formación morada no sólo está haciendo daño al periodismo, sino también a la libertad y a la calidad de esto. Es una actitud totalmente reprobable y por la que muchos medios deberían pagar caro.

Pero lo que es totalmente denigrante en un país como España es que un juez se reúna con un imputado con el único objetivo de hacerles el trabajo sucio a sus amigos los gobernantes. Esta actitud y esta persecución deberían estar penadas con la inhabilitación política y judicial.

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