Se acabó la última esperanza para Pedro Sánchez y el PSOE. No dejaba de ser una esperanza fatua y estéril, como casi todas las que han expresado desde el pasado 22 de marzo, día en el que Pablo Iglesias, tras la fracasada reunión a tres bandas entre Podemos y el dúo PSOE- C´S, convocó a los inscritos en su página web para que decidieran si el partido debía facilitar un ejecutivo construido a medias entre Sánchez y Rivera o seguir intentando la vía de la coalición entre los partidos de izquierdas más el apoyo o la abstención de algunos partidos nacionalistas como el PNV, DyL y ERC.

Durante los tres días que ha durado la consulta a las bases, del 14 al 16 de abril, han votado casi 150000 de los 400000 inscritos en la web de la formación morada, lo que para Pablo Iglesias significa un rotundo éxito de participación, y aunque es cierto que han participado en la consulta menos del 40% del total de “afiliados”, no lo es menos que esa cifra constituye un récord de interés en dar su opinión por parte de los simpatizantes de Podemos, pues ni siquiera en las primarias para elegir al secretario general y candidato a la presidencia del gobierno en las Elecciones del 20D se votó de forma tan masiva.

De cabeza al 26-J salvo sorpresa mayúscula o Gran Coalición

El escenario que se presenta ahora, tras esta decisión tomada por las bases de Podemos, parece ser inevitablemente la convocatoria el próximo 2 de mayo de unas nuevas elecciones generales que se celebrarían el próximo 26 de junio. Lo único que podría evitar esos comicios sería o bien una ruptura del pacto Rivera – Sánchez por parte del PSOE, y por lo tanto trabajar en la construcción de un ejecutivo formado por los partidos de izquierdas más algunos nacionalistas, o lo que sería una sorpresa aún mayor, que a última hora el partido socialdemócrata aceptara la oferta del Partido Popular para formar un gobierno de Gran Coalición.

Así pues, los horizontes que se dibujan son o Gobierno “a la Valenciana”, Gran Coalición “a la Alemana” o el 26-J.

Lo cierto es que todos los partidos implicados llevan trabajando en un nuevo escenario de campaña electoral desde hace más de un mes, y toda esta sucesión de encuentros y desencuentros a muchos politólogos sólo les ha parecido la primera fase de una pre-campaña que promete ser sucia, dura, y con acusaciones variadas en todas las direcciones.

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