Resulta muy triste el modo en que hace casi tres años la situación de Venezuela, principalmente económica, social y educativa, pasó de ser mala a peor. Y créame cuando digo que no estoy exagerando. Los constantes cambios a partir de la muerte del ex presidente Hugo Chávez Frías, tanto en el gabinete del actual mandatario Nicolás Maduro como en la estructura total del estado, son sólo una excusa pobre de las estrategias que deberían ser tomadas con seriedad y que, en su lugar, son dirigidas por el mismo grupo poco capaz de siempre.

Esto no significa que Venezuela sea el único país en el mundo dirigido por personas con un largo historial de corrupción. Eso no es cierto. el poder es como imán para aquellos controlados por la codicia y el deseo insaciable de mantenerse en lo alto cueste lo que cueste, independientemente del país que “dirija”. El verdadero problema comienza cuando las necesidades del pueblo se convierten en el último objetivo y permanecer en el poder en el primero. Entonces nacen teorías absurdas sobre “guerras económicas”, “estrategias contra el estado” y “planes de ataque”, nada de lo cual ocurre al final.

Es en ese momento que reflexionamos sobre el rumbo que tomará Venezuela en manos de Nicolás Maduro Moros, un hombre cuya nacionalidad es dudosa y que no se preocupa en esconder las conexiones con el narcotráfico de los cuales sus más allegados son acusados. No contando con ello, los millonarios obsequios, con apariencia de convenios, que salen del patrimonio venezolano hacia países como Cuba o Bolivia, revelan el poco interés que realmente demuestran hacia la estructura de una nación en ruinas.

El petróleo es otro tema de escándalo.

¿Cómo un país rico en esta sustancia se encuentra tan económicamente deteriorado? Podemos encontrar la respuesta en la pésima gestión administrativa que, de nuevo, recae en los mismos personajes vestidos de rojo que continúan alentando a las poblaciones a vivir bajo la sombra del lema ¡Chávez vive! No. No vive, sólo es el recuerdo infructuoso de una época donde se originaron rupturas de todo tipo y donde, de un modo lamentable, la corrupción triunfó por encima de los intereses del pueblo.

Como si no fuese suficiente el exceso de expropiaciones, que minimizó al sector privado hasta el punto de casi desaparecerlo, el cambio en símbolos emergidos del vientre mismo de la amada Venezuela y el sacrilegio hacia quien libertó los pueblos sudamericanos, Simón Bolívar, Hugo Chávez dejó al país en manos de un hombre cuyos pensamientos no parecen pertenecerle.

Venezuela se convirtió en una tabla de ajedrez, donde los ministros son ubicados a conveniencia y los beneficios van dirigidos sólo a aquellos que dicen ser revolucionarios.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más