El mismo día 20 de Diciembre, y conociendo los resultados, el partido morado ya decidió que su objetivo era hacer todo lo posible para que hubiera nuevas Elecciones, ya que verificaron que si hubieran tenido unos meses más, habrían pasado al Partido Socialista sobradamente y con opciones serias de poder llegar al Gobierno, asaltando el cielo.

Esta percepción no sólo no se ha desvanecido, sino que se ha hecho cada vez más sólida en la mentalidad del partido. Eso lo demuestra el que jamás han querido pactar con Pedro Sánchez y su equipo. La escenificación de Iglesias ante las cámaras auto postulándose como vicepresidente in pectore, y exigiendo seis ministerios, cuyas atribuciones englobaban el control del ejército, la policía y el mismísimo CNI, suponía un enfrentamiento claro dando un mensaje a navegantes; queremos el poder, y si quieres que te dé el gobierno vas a ser mi rehén.

El PSOE ante esta jugada se percató de que en este asalto no iba a ganar, y que la munición había que cargarla, porque las elecciones futuras iban a ser a cara de perro. Se disputan el mismo electorado, y lo que es peor, su supervivencia como partido representativo. El hijo se quiere comer al padre, y además les ha cogido con el pie cambiado.

Podemos es un ciclón que va a arrasar la izquierda, al menos en estos momentos. Saben que es su oportunidad, y quieren arriesgarlo todo. Iglesias quiere ser presidente ya, y no dejarlo para el 2018, o el 2019. Ahí está la gran diferencia con Errejón. Éste quiere que el poder llegue poco a poco, como fruta madura, pactando en esta legislatura, pero conformando dos gobiernos en uno, y disfrutando de la popularidad y presencia que le va a brindar estar en el poder.

Sin embargo Iglesias lo quiere todo. Y lo quiere ya. Nadie sabe que deparará el futuro, porque siempre es incierto, y porque cree y piensa que estar en el poder desgasta, y que el Partido Popular en la oposición, hará purga y se renovará con caras nuevas, siendo mucho más peligroso en unas elecciones dentro de tres o cuatro años; de la corrupción ya nadie se acordará, y de la gestión que haga el PSOE en un gobierno inestable, lo único que habrá es mala imagen, incentivada con posibles reproches desde Bruselas y los mercados.

Pablo Iglesias quiere ser presidente. En unas elecciones el 26 de junio, junto a Izquierda Unidad en coalición, y con una campaña de imagen estudiada, espera llegar a los siete millones de votos, límite que le otorgaría un número de escaños suficientes, para presentar al PSOE y exigirles el pacto para un gobierno del cambio, como así lo martillean ellos mismos.

Qquiere utilizar ese soniquete aireado por Sánchez para meterles el estoque hasta la bola, y ser presidente.

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