La nueva líder de Ciutadans en Catalunya y líder de la oposición en el Parlament, Inés Arrimadas, pareció estar muy enfadada y ofendida en su Twitter el otro día. “¿Ni en un reportaje sobre Cruyff pueden evitar hacer Política?”

Luego se supo por qué fue: en TV3 y en su canal Esports 3 dedicaron unos programas especiales a recordar la figura ya legendaria de Johan Cruyff, fallecido el miércoles con 68 años por un cáncer de pulmón. Incluía el documental, estrenado en cines en 2014, “L’últim partit”, ya emitido por la cadena, que intercalaba una larga entrevista a Cruyff con imágenes de archivo y toda clase de cosas sobre su vida, su larga estancia en Catalunya y sin olvidar las circunstancias políticas de su entorno, que él nunca rehuyó.

Los realizadores del documental han dicho bien claro que Cruyff dio su visto bueno al resultado final del mismo, incluso estuvo él mismo en la presentación oficial. Es decir, nada de esa obsesiva manipulación soberanista que Inés Arrimadas y su partido ven por todas partes.

Johan Cruyff tuvo opiniones políticas a su manera. Sobre Catalunya, defendía el derecho a decidir del pueblo catalán, aunque nunca pareció querer hablar catalán, y se negó a ir con Holanda al Mundial de Argentina de 1978 por estar en contra de la dictadura de Jorge Videla.

Todo esto recuerda a las manipulaciones políticas de la Cultura interesadas, que se han visto en cualquier parte del mundo, y que sonrojan a quienes se enteran de ello.

La más reciente fue la de los titiriteros detenidos durante las Fiestas del Carnaval de Madrid por representar una obra del teatro de marionetas nada adecuada para niños, cuyo anatema contra ellos siguen utilizando obsesivamente gentes de un partido político para que no se hable de sus corruptelas varias.

O cuando el PP catalán, que antes se partía de risa viendo el “Polònia” de TV3 y cuyos líderes aparecían gustosamente en el programa parodiándose a sí mismos, pasaron a exigir que todos condenaran el programa, sin más, sólo por la parodia de la famosa escena de “El hundimiento” (esa magistral película alemana sobre los últimos días de Hitler), cambiando al desesperado Führer por un no menos desesperado Rajoy.

Son esos políticos que sólo quieren artistas o deportistas que sean inofensivos, que no se metan en nada importante, y menos en opiniones polémicas. Recordamos cuando el PP atacó a Pedro Almodóvar por insinuar él que quería dar en 2004 un golpe de Estado, y el desprecio que sometieron al cineasta, con periodistas afines exigiendo el boicot a sus películas, que no se produjo por que su carisma, sobre todo en el extranjero, sigue siendo muy alto, algo que ha reconocido su amigo José Luis Garci, afin al PP pero más honesto que los que clamaban.

Un maestro del cine como François Truffaut se metió más de una vez en Política, a su manera, como en 1968, cuando en Cannes hizo correr las cortinas de la pantalla mientras ocurría en Paris el Mayo del ’68 y arengaba al público asistente a favor de la Revolución, o cuando exigió al Gobierno francés la restitución en su cargo de un director de la Cinémathèque Française destituido, y que al final triunfaron.

Los artistas son gente que no se debe dejar dominar, y eso lo hicieron Gustave Flaubert con “Madame Bovary”, que trastocó la sociedad de su tiempo y ahora es homenajeada en el cine, o Dickens, con sus denuncias de las desigualdades en la sociedad victoriana, o cineastas como Pasolini. No se dejarían controlar por esos partidos.

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