Los resultados de las elecciones del veinte de diciembre han sido diabólicos.Se han creado dos bloques, cuya suma es muy similar, pero que en ningún caso llega a la mayoría requerida para poder conformar un gobierno, o tomar decisiones decisivas, que supongan una transformación del país.

Se dan dos soluciones. O la gran coalición al estilo alemán, o el pacto progresista a la portuguesa.

En el primer escenario, los protagonistas serían el Partido Popular, Ciudadanos y el Partido Socialista Obrero Español. Esta opción es la querida por los mercados internacionales, los empresarios españoles, y el Ibex-35, por dar estabilidad y una mayoría suficiente para poder hacer modificaciones en la Constitución con garantías de futuro.

Hasta la fecha, los dos primeros parecen entenderse y poder haber pacto de gobierno, pero en el caso del PSOE, la consigna es contraria; con Mariano Rajoy, ni a la esquina. La conclusión es que no hay opción de gran coalición, y Rajoy se queda sin ser investido.

En el segundo entorno, el pacto es multipartidista, pudiendo concluir, que es atómico, ya que deben unirse demasiados partidos, siendo difícil que haya una cierta coherencia interna. Pedro Sánchez ha de convencer a Iglesias, y sus filiales, a Alberto Garzón, a los republicanos catalanes, y a los nacionalistas vascos. La amalgama de ideologías es muy heterogénea, y el pacto de un programa común se antoja complicado, sino imposible.

Todo parece que nos dirigimos a unas nuevas Elecciones.

No obstante, se empieza a barruntar una opción que en un principio no estaba en los mentideros políticos y de los medios de comunicación. Y es el pacto a la española. La Unión del PP, C's y PSOE, con una presidencia rotatoria anual. El primer año sería presidente Rajoy, el segundo Sánchez y el tercero Rivera, convocándose elecciones una vez terminado el mandato.

Se pactaría un programa común mínimo, dejando un cierto margen de libertad en la gestión diaria. Con ello se conseguiría estabilidad, posibilidad de reformas importantes, y una gran mayoría para responder al secenionismo catalán.

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