Toda Europa se ha horrorizado ante las proposiciones del Presidente iraní, Hassan Rohani, en su visita a varios países de nuestro Continente, y la que más ha asombrado a la gente fue que las estatuas con desnudos, tanto femeninos como masculinos, fueron cubiertas con una caja o con lo que fuera en Roma y el Vaticano, y en Francia, la comida oficial se ha tenido que cancelar al negarse el Gobierno Hollande a retirar el vino, ya que la Ley Islámica prohíbe las bebidas alcohólicas.

En esta última, la exigencia de los iraníes era comida “halal”, lo que los franceses aceptaban, pero no pasaban por retirar bebidas alcohólicas por el ilustre visitante extranjero.

En Italia sí accedieron a retirarlas, igual que lo de las cajas anteriormente citadas para las estatuas.

Por otro lado, y por ello el motivo de estas visitas, es que Irán pueda reanudar su comercio con otros países después del levantamiento del embargo por sus armas atómicas que empezó en 2006. Los países visitados, y otros más, están interesados en hacer negocios en el país natal de Marjane Satrapi (la dibujante autora del genial cómic autobiográfico “Persépolis”, llevado al cine).

Lo más curioso es que los que tenemos memoria recordamos otra visita de un antecesor en el cargo de Hassan Rohani, que fue Mohamed Hatami, en octubre de 2002, en medio de la tragedia del 11-S y antes de la invasión de Iraq por EE.UU.

¿Y qué país visitó Hatami, donde también alteró todo con sus exigencias religiosas, se preguntarán los lectores?

Pues era España, con José María Aznar de Presidente del Gobierno, en el ecuador de su mayoría absoluta. Recibió al entonces Presidente iraní pese a que EE.UU. estaba en contra de ello, sobre todo su Presidente, George W.

Bush, amigo personal de Aznar.

Ya levantaron ampollas lo que exigía Hatami: hubo encuentro en el Aeropuerto al bajar él del avión, pero sólo estrechaba las manos de políticos hombres. No quiso hacer lo mismo con mujeres: ni la Reina Sofía ni la entonces Ministra de Asuntos Exteriores, Ana De Palacio. A ellas le saludó sólo con una inclinación de cabeza, signo de cortesía en Irán.

Lo mismo pasaba con los almuerzos oficiales: se suprimió el vino, haciendo que la recepción oficial de los Reyes fuera privada y que el de la Moncloa fuera sólo desayuno de trabajo. Aunque la delegación iraní dijo que no hacía falta que las mujeres españolas presentes llevaran velo, cosa que se hizo.

Si miramos la Prensa de la época, la actitud de Aznar frente a Hatami no tenía nada que ver con la actual cuando se le pregunta por el radicalismo islámico. Entonces, el ex Presidente estaba muy interesado en cooperar con Teheránen los graves problemas de entonces en Oriente Medio, con EE.UU. que todavía no había decidido la invasión de Iraq, y las heridas del 11-S aún sin cicatrizar.

Y lo que más sorprende es que Aznar quería trazar con Hatami entonces un diálogo entre civilizaciones para el Foro de las Culturas que se iba a celebrar en Barcelona en 2004.

Ahora, eso sería impensable que saliera de su boca. Irán quería, con aquella visita, mostrarse como un interlocutor válido para influenciar en Oriente Medio y preservar la paz.

Por supuesto, entonces, ni Rappel podía preveer cómo cambiaría todo años después, con la invasión final de Iraq el 2003, el 11-M que atacó Madrid el 2004, etc.

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