Este lunes el Rey ha iniciado como lo norma el artículo 99 de la Constitución, una ronda de consultas con  grupos políticos con representación Parlamentaria. Una vez  cumplimentadas  la reuniones, propondrá un candidato a la presidencia del Gobierno. Si no se lograra la investidura, deberá hacerse otra ronda de consultas o llamar a nuevas elecciones. De ahí las palabras  de despedida de Felipe VI, evidenciando que no confía demasiado en que su propuesta llegue a buen puerto. El arduo esfuerzo por conseguir un consenso hace que su majestad el Rey Felipe vea como un lejano horizonte la posibilidad de una rápida salida a este trance.

Anuncios

Siguiendo la tradición impuesta por su padre, el Rey recibirá primero a los partidos minoritarios. Habiéndose auto  excluido el ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) partido independentista catalán que no acudirá a la consulta, puesto que según argumentan: "El Rey no quiso recibir a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y tampoco ha querido recibir al 'president' de la Generalitat, Carles Puigdemont".

EH Bildu tampoco se presentará a las reuniones con Felipe VI ya que no se consideran sus súbditos.

Los acuerdos necesarios para llegar a un número que le asegure los votos de  investidura, son cada vez más lejanos  para Rajoy, entre otras cosas por no haber  conseguido  un acuerdo con el  PSOE. Pero no solo Mariano Rajoy no cuenta con el apoyo suficiente, sino que los demás posibles candidatos están en la misma situación

Los partidos independentistas son buscados por Pedro Sánchez para ocupar el lugar vacante en la Moncloa. Cosa que Mariano Rajoy ha denostado ostensiblemente diciendo que “no es democrático, ni respeta la voluntad de la gente”, aludiendo a las negociaciones del Psoe con Compromis, entre otros, en cuanto a ceder diputados para que la agrupación Valenciana, tenga  un grupo parlamentario en el Congreso, a cambio del apoyo a su futura investidura.

Anuncios

Visto esto y ya que el PP no presenta una alternativa a la candidatura de Rajoy, es indudable que la figura del Rey cobra gran relevancia , puesto que su mediación  conciliadora podría inclinar la balanza hacia una actitud más negociadora de las fuerzas políticas y un compromiso hacia la futura gobernabilidad de España.