Se acerca el día, “D day” como dirían los ingleses. El 20 de diciembre la mayoría de los españoles haremos acto de presencia en las urnas para comportarnos como ciudadanos ejemplares. Porque la madre patria que nos parió también nos dio el derecho a votar. Todo español puede y debe votar. Sobre todo en estas Elecciones, que se vaticinan históricas. “¡Fin del bipartidismo!” gritan unos, “Sí se puede” comparten muchos en Facebook, “Sé fuerte, Mariano” twittean otros hablando solos. Y en toda esta maraña de opiniones, debates a dos, a cuatro, a seis, bukkake y demás información que nos hacen tragar los medios de comunicación, nos encontramos ante una cuestión importante.

Muchos jóvenes votamos por primera vez en unas elecciones generales. Todos tenemos el derecho a ejercer nuestro voto, claro, pero, ¿de verdad nos los merecemos? ¿Estamos suficientemente preparados para votar acorde con nuestro ideales, para votar con conocimiento? Se comenta a veces, muy bajito, que todos los votos no deberían ser iguales, que no deberían valer lo mismo. Porque acordaos, la gente que hace 2 horas de cola para entrar en el Primark de Gran Vía también vota. Y si vota con el mismo criterio con el que decide pasarse medio sábado dando la vuelta a la manzana, Dios nos pille confesados. ¿Cómo votamos los jóvenes? ¿Estamos suficientemente informados? Porque no nos engañemos, nadie tiene tiempo para leerse cada uno de los programas electorales de los partidos, y mucho menos comparar.

Preferimos discutir sobre política en los grupos de Whatsapp y ver los remakes del debate en Postureo Español. Ésa es muchas veces nuestra noción de la realidad en la que nos encontramos. Claramente no es ni mucho menos el verdadero panorama político actual. ¿Son los medios los que nos desinforman y filtran sólo la información que les interesa?

¿O somos nosotros los que no queremos estar informados?

Informarse no es una tarea fácil, todo hay que decirlo. Hay que saber qué leer, dónde leer, a quién escuchar, cómo comparar, y aprender a contrastar información, datos, bofetadas y demás cosas que los políticos intercambian entre ellos. También puede ser un coñazo, ya que no tenemos ni tiempo ni ganas de leer todo lo que va ocurriendo por ahí.

Así que para eso está el Facebook de Ciudadanos Pescados, para regocijarse con las cagadas de Rivera and co. O el de Pudrimos, para ensañarse con la coleta de Pablo Iglesias (PP y PSOE directamente no necesitan grupo en facebook ya que ellos solitos se lo guisan y se lo comen). Es lo que se conoce como “sesgo de confirmación”, una práctica que utilizamos mucho para seleccionar sólo la información que reafirma nuestros ideales. Vamos, que oímos lo que queremos oír. Para qué vamos a leer un artículo que critique a nuestro partido o cuente una historia en contra del líder al que hemos puesto en un pedestal ¿eh? Y ahí es donde radica el problema: que no nos estamos informando objetivamente, y por lo tanto las decisiones que tomamos a la hora de votar no las hacemos realmente con cabeza.

No hay más que ver el vídeo del youtuber Fortfast sobre las nuevas generaciones y el por qué los jóvenes votan a quien votan. Porque tiene talante, porque no me gusta el de la coletilla, porque el de ahora está haciéndolo bien, porque en mi familia es lo que se vota, y otras muchas razones como éstas deciden cada 4 años el futuro de España. Aunque también sería de idiotas pensar que ésta es la única verdadera representación de la juventud en España. Hay muchos jóvenes que sí se informan, leen, ven los debates, contrastan y finalmente opinan sabiendo de antemano lo que están defendiendo. No somos la generación perdida. Tenemos nuestras inquietudes y problemas, y aunque no queramos meternos en política tampoco queremos que nos la hagan sin nuestro permiso.

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