Fruto de las constantes guerras que las potencias de la Unión Europea provocan en Oriente últimamente (en Siria, sobre todo), el flujo de migración y de refugiados políticos en los países de Europa está subiendo como la espuma. En Finlandia, concretamente, han entrado 32.000 solicitantes de asilo, mientras el año pasado por poco pasaban los 3.000. La respuesta del gobierno finés, en medio de un clima de rechazo y de homofobia que ha comportado enfrentamientos, evacuaciones de centros y un creciente sentimiento racista, es proponer que los inmigrantes trabajen gratis, para así incentivar que se lo piensen dos veces y no vayan a Finlandia.

No sólo eso, la previsión gubernamental dice que dos tercios de los solicitantes serán repatriados, con lo que ya se deja entrever el generoso carácter de todas estas medidas.

Raíces del problema

El problema de los refugiados no es nuevo: la desigualdad económica, las guerras y el saqueo de países llevan asolando el mundo y potenciando la Inmigración muchas generaciones. En esta caso -y nos vamos a centrar en este caso por la extensión limitada del artículo-, del conflicto provocado en Siria, que provoca las principales oleadas de refugiados. De forma simplificada, la historia de la guerra de Siria es esta: Siria es un país muy estable que no vende sus reservas de petróleo a Occidente. La UE y los EEUU financian, entrenan y apoyan abiertamente grupos rebeldes para que derroquen el gobierno que no les vende petróleo.

Tales grupos rebeldes se les van de las manos y forman parte del Estado Islámico, provocando una guerra que las potencias occidentales no pueden ya controlar. Ahora los ciudadanos sirios huyen de esa barbarie hacia la casa de quien la provocó: la Unión Europea.Obviamente el contexto político y religioso es infinitamente más complejo, y los factores que influyen muy numerosos.

Desde aquí sólo podemos invitar al lector a informarse sobre el asunto para una comprensión global.

Hipocresía

Finlandia forma parte de la Unión Europea desde 1995, por lo que está y ha estado presente en las criminales acciones y ocultos apoyos que ésta ha proporcionado a grupos terroristas. De la guerra que Finlandia (junto con toda la UE) ha provocado vienen os refugiados, y la respuesta del gobierno finés es hacerlos trabajar para ellos, a cambio de un techo y un plato de sopa.

No menos hipócrita es, por ejemplo, Alemania, que comanda la terrorista UE visiblemente y luego se vanagloria de su humanidad al acoger refugiados.

El ministro de empleo, en una demostración sobrenatural de empatía ha declarado que "cuanto más tiempo estén sin hacer nada, más frustrados estarán", por lo que considera incluso un acto de humanidad hacerlos trabajar.

Alguno podrá estar de acuerdo con que las personas refugiadas aporten algo a sus comunidades de acogida, también yo. No obstante, considerando de quién es la responsabilidad de esta guerra, la nula culpa de los ciudadanos sirios exiliados y la brutal explotación que supone trabajar a cambio de refugio y comida, no cabe más que poner en duda esta medida, que obviamente no va a solucionar el drama que marroquíes, saharauis, macedonios, sirios, libios, kurdos y un largo etcétera sufren diariamente en “la Europa e los Pueblos”.

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