El tradicional juego bipartidista de la política española parece haber llegado a su fin. Pero… ¿Qué fue el bipartidismo? La hegemonía de dos partidos políticos pro-sistema, que se repartían el poder desde una visión parecida o con muchas tintes al modelo norteamericano: dos partidos políticos, uno de talante conservador y otro de talante progresista, al menos en el campo cultural y social, pero con una misma tónica en su visión económica, seguir con las sendas liberales marcadas desde la economía continental y atlántica. Sobre estas pautas, y bajo un argot popular, podríamos denominarlos el poli bueno y el poli malo, dependiendo con cuál de las dos vertientes te sintieras más cercano.

Estos dos partidos (PSOE y PP) buscaron enconadamente el centro, en busca de la victoria, y siempre desde el premisa de estabilizar el modelo y sistema frente a una tercera mirada más ajena a ese juego y con talante transformador de IU, con una intención de empujar al PSOE, normalmente, a realizar políticas de izquierda sobre todo en comunidades y pueblos. Durante la última presidencia de Julio Anguita se buscó el sorpasso (Poder pasar al PSOE en votos)en el año 1996. Izquierda Unida llegó a tener más de dos millones de votos. En ese recorrido, el centro, siempre fue el tablero de juego a conquistar. Un electorado, el mayoritario (se estima que el 40% es de centro) que es el que decanta la balanza.

Según datos del 2012 sobre el abstencionismo europeo (fuente del Parlamento europeo), el centro normalmente suele tener el mayor grado de abstención (con un 22%) mientras la izquierda se mueve en un 13% y la derecha, en menor medida con un (11%). Pero… ¿Qué es el centro?

Aristóteles intentaba llegar al justo medio, como búsqueda de la virtud, y Kant lo planteaba como un acto de buena fe.

El centrismo como una forma de conseguir el consenso entre las partes, pero esto suponía siempre una concepción elitista, de posicionamiento correctos desde la base que ambas posturas fueran las más elevadas y sabias de los dos polos. Los centristas, o ese voto, es el menos definido, o concreto, y por lo tanto suele decantarse por detalles o propuestas a desarrollar durante la campaña.

El centro, se divide en, a su vez, dos tipos de tendencias, el centro-derecha y el centro-izquierda. Ambos, desde una perspectiva económica no tendrían grandes diferencias, tampoco en las sociales, aunque el centro-derecha podría recaer históricamente, sobre todo en el centro de Europa e Italia, en la democracia cristiana. El primero atiende a unos objetivos donde los elementos garantes del bienestar social tienen que ser responsabilidad del estado, pero con una conclusión, el estado debe permitir la libertad de la libre economía. De igual forma el centro izquierda, caracterizado por la socialdemocracia, o la tercera vía política, plantea que el estado también debe ser garante del estado de bienestar, con mayor control del primero, pero sin llegar al control económico comunista, es decir permitiendo el capitalismo.

Son las tendencias ideológicas de un espacio muy ambiguo que dentro del espectro electoral no responden a unas connotaciones tan escolásticas, y sí a razones de otra índole.

Esta vez, el bipartidismo se constituye en un juego a cuatro bandas donde, de igual forma el sistema o modelo no se pone en tela de juicio, sí, hay una propuesta por PSOE y Podemos de realizar cambios en la Constitución y de forma más moderada en Ciudadanos y PP, hasta dónde… esa es la pregunta que se podrá responder después de las Elecciones.

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