Tras 6 días en alerta máxima por un posible ataque terrorista, Bruselas recupera su ritmo cotidiano. Lucía Fernández es redactora jefe de Aquí Europa, lleva tres años viviendo y trabajando como periodista en la capital belga.

Su análisis sobre los acontecimientos de los últimos días ayuda a comprender algunas situaciones poco mencionadas como la mala imagen que ha dejado el Gobierno tras las drásticas decisiones y la nula resolución.

¿Cómo ha sido la percepción social sobre el nivel de alerta máximo en Bruselas?

Creo que en general con sorpresa, ya no por el hecho de estar en alerta máxima sino por las medidas tan drásticas que se tomaron (cierre del metro, comercios, bares, espacios públicos, colegios etc…), en cierto modo para muchos ha sido como una derrota ante el miedo.

Esto no quiere decir que la gente tuviese miedo, aunque esto es muy personal, sino que era más expectación por saber qué información tiene el Gobierno o qué operación tiene preparada para llevar la ciudad hasta ese punto. Sin embargo, una vez que pasó el fin de semana y las operaciones policiales resultaron ser un fracaso, la impresión que generaba el Gobierno es que queriendo subsanar sus fallos anteriores se metió en un callejón sin salida al no poder aportar nada que justificase acabar con una alerta de ese calibre.

¿Consideras que fue excesivo declarar el gradomáximode alerta?

No tengo la información de la que disponen los servicios de inteligencia ni el Gobierno, por lo que no me atrevería a decir si fue excesivo o no.

Sí creo que, a la vista de los resultados, las medidas tomadas fueron excesivas ya que si paralizas Bruselas porque hay terroristas tratando de atentar inminentemente en la ciudad y no encuentras a ninguno, ¿Cómo justificas relajar esas medidas cuando sea inviable mantener así la ciudad?

¿Crees que la población vivió con miedo esta última semana o se sintió protegida y resguardada por las medidas tomadas?

El miedo es muy personal y no sé cómo lo vivió cada uno. Yo personalmente no sentí miedo, y creo que en general la sensación no fue de miedo. Tal vez en un primer momento sí hubo cierto miedo o inquietud ante el desconocimiento de lo que ocurre pero la evolución de los acontecimientos creo que fue dejando patente que la alarma creada fue desproporcionada.

Tampoco creo que la población demandase esa “sobreprotección” que se vivió en Bruselas este fin de semana y más aún viendo la contradicción que señalaba antes, que habiendo el mismo riesgo, se rebaja el nivel de alerta.

¿Hubo cuestionamientos, desde la sociedad, a las medidas aplicadas?

Creo que la sociedad a lo que aspira al menos es a una secuencia lógica de los acontecimientos. Ante una amenaza de este tipo de ponen en cuestión las medidas siempre con la boca pequeña, porque no sabes hasta qué punto hay ese peligro inminente del que hablaba el Gobierno, pero si después, sin apenas avances, decides que todo debe volver a la normalidad, pones en bandeja que la gente cuestiones las medidas anteriores.

¿Cómo ha sido la vuelta a la rutina después de que se bajara el grado de alerta?

La vuelta a la rutina y la normalidad por parte de los ciudadanos se produjo mucho antes de que se bajara el grado de alerta. El lunes la mayor parte de la gente hizo teletrabajo desde sus casas, en parte también porque los colegios estaban cerrados y los niños estaban en casa, pero a partir del martes la normalidad volvió a las calles por su propia inercia. La seguridad seguía siendo más elevada de lo normal, pero la gente hacía vida normal, aún más cuando el miércoles abrió el metro y los colegios.

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